A Boca le llegó la madurez en el momento justo para reescribir la historia

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NELSON ALMEIDA/AFP/Getty Images
Después de tres derrotas en los últimos mano a mano, este equipo transmite mayor solidez. ¿Podrá, ahora sí, torcer la historia?

Parece sacado de una ficción. Como si fuese el desenlace perfecto. O, al menos, el que todos esperaban. Boca y River definirán la Copa Libertadores de América. Tan impensado como anticipado desde que se sorteó el cuadro: los dos se clasificaron en Brasil y, otra vez, volverán a verse las caras en el plano internacional. Otra vez, disputarán un partido definitorio.

Será la cuarta vez en los últimos cuatro años. Será la cuarta vez ante Marcelo Gallardo. Será la segunda final en ocho meses. Y el Xeneize, parece, por fin alcanzó la madurez que le exige semejante cita con la historia. Ahora sí transmite la solidez que no transmitió en los otros capítulos.

2014: Arruabarrena lograba levantar a un plantel que venía golpeado tras el tercer ciclo de Bianchi, pero que no estaba a la altura de lo que empezaba a generar el Muñeco en el Millonario. La suerte no lo acompañó: 0-0 en La Bombonera, un penal errado por Gigliotti a los 4' minutos en el Monumental, un gol errado por Calleri... Fallas que no se perdonan.  

2015: con el triunfo seis meses antes en la Sudamericana, llegaban los octavos de la Libertadores. El mejor primero contra el peor clasificado de la fase de grupos. El Vasco dejó a Osvaldo en el banco y metió a Marín por Peruzzi en la ida, mientras que sentó a Lodeiro en la vuelta de local. El gas pimienta tiró una serie pareja a la basura. Pero en esos 135 minutos que se jugaron, los de Núñez esbozaron el oficio que usaron para ser campeones de América por tercera vez en su historia. 

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2018: por segunda vez, un Superclásico definía un título. Guillermo no le encontró la vuelta al partido y no pudo torcer la historia reciente que escribió su predecesor. Ni con el tibio planteo inicial, ni con los dos cambios que metió en el complemento para intentar darlo vuelta. Otro tropezón que agigantaba a Gallardo.

42 años pasaron entre aquel gol de Suñé en la final del Nacional '76 al 2-0 en Mendoza. Para la tercera no habrá que esperar tanto: apenas ocho meses transcurrieron desde la Supercopa. Ocho meses en los que el Xeneize encontró la madurez necesaria para semejante cita. Dos series ganadas en Brasil, invicto en los mano a mano, un once definido y un estilo de juego que apareció en el momento justo, tanto de local como de visitante.

River llega mejor. Pero, esta vez, Boca tiene argumentos para ser el protagonista de la historia.

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