
Abdelmawgood Samir
Head of the Desk Department at Koora.comMi historia con el fútbol comenzó desde que era muy pequeño, cuando era un niño que no entendía del todo lo que veía, pero esa magia que emanaba de los campos era más fuerte que cualquier resistencia. Recuerdo con claridad cómo seguía a la selección de Egipto en el Mundial de Italia de 1990, donde mis ojos se llenaban de asombro ante los momentos dramáticos y mi corazón se sumergía en un mar de emoción sin fin. Ese fue el comienzo, la chispa que encendió la llama de la pasión que sigue ardiendo hasta hoy.
Con el paso de los años, el Real Madrid se adueñó por completo de mi corazón, convirtiéndose en mi mayor referente en el mundo del fútbol internacional. Fui uno de los afortunados que vivió la era de las estrellas brillantes del «Merengue», esa constelación que reunió a leyendas como Iker Casillas en la portería, Zinedine Zidane con su inteligencia mágica, Luis Figo con sus habilidades extraordinarias, Roberto Carlos con sus misiles, Ronaldo «El Fenómeno» con su velocidad sobrehumana, Raúl con su lealtad legendaria y David Beckham con su elegancia real. Cada partido era una historia, y cada gol, una obra de arte, pintada en mi memoria con colores que mezclaban alegría y dolor.
A pesar de mis cambios profesionales en el mundo del periodismo —desde las complejas secciones de política hasta la volátil economía—, mi pasión por el fútbol nunca se ha apagado. Latía en silencio, esperando la oportunidad adecuada para volver a salir a la superficie. Esa oportunidad llegó en 2016, cuando me incorporé a la web «Kooora», donde la pasión se convirtió en mi trabajo diario. Allí, el placer se mezcló con el esfuerzo; largas horas de análisis, redacción y cobertura, pero fue un auténtico placer. Gracias a este esfuerzo colectivo, «Kooora» creció hasta convertirse hoy en el sitio web deportivo más grande del mundo árabe, un faro para los amantes del fútbol desde el Océano Atlántico hasta el Golfo.
En el baúl de mis recuerdos deportivos hay momentos que nunca se borrarán. Pero si tuviera que elegir uno, sin duda sería aquel gol inmortal de Zinedine Zidane en la final de la Liga de Campeones de 2002, frente al Bayer Leverkusen. Un solo balón, un misil desde la izquierda de «Zizou», voló en una trayectoria mágica para colarse en la portería, proclamando la novena victoria del Real Madrid. Fue un momento en el que el tiempo se detuvo, una mezcla de belleza y fuerza, que nos recuerda que el fútbol no es solo un juego, sino un arte que llega al alma.



