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Lionel Messi BarcelonaGetty Images

El mejor Messi acalla los pitos a Bartomeu


EDITORIAL

No había entrenado el viernes porque desde hace semanas arrastra molestias pero solo él puede dominar y resolver estando renqueante como hizo Leo Messi ante el Eibar. El partido estaba muy caliente incluso desde antes de empezar, cuando las reparaciones técnicas al VAR magnificaron una poderosa pitada, acompañada de gritos exigiendo la dimisión de Josep Maria Bartomeu, como dos décadas antes había vivido Joan Gaspart, aunque ni de lejos fue tan unánime en esta ocasión. Pero él, a diferencia de Bartomeu, no tenía a un jugador como el rosarino, capaz de inventarse un hat-trick en cuarenta minutos que tanto liquidó al Eibar como le echó un capote al presidente.

Sus explicaciones tras el escándalo de las redes sociales no han dejado satisfecho a nadie, ni siquiera a un vestuario que, como explicó el propio Messi el jueves en Mundo Deportivo, se mantiene a la expectativa de nuevas pruebas que refuten las acusaciones de la Cadena SER. El rosarino, no obstante, habló donde mejor lo hace y tras las dos llegadas iniciales de Sergi Enrich a los quince minutos dibujó otro de sus esláloms imposibles para firmar el 1 a 0 con un remate cruzado. Volvería a demostrar su indómita calidad con el balón controlado a los treinta y siete minutos, esta vez partiendo desde la izquierda, y establecer el 2 a 0 y en el cuarenta todavía tendría tiempo de recoger el regalo de Cote para asistir a un Antoine Griezmann que fallaría ante Marko Dmitrovic, cuyo rechace cayó en los pies de un Messi que apuntaría el 3 a 0 en el marcador así como el cincuentésimo cuarto triplete de su carrera.

Tan ensordecedor fue el jolgorio que provocó el enésimo recital del rosarino que al descanso el público hasta se olvidó de volver a pitar a Bartomeu, cuya dimisión se exigió a tramos del primer tiempo para ir apagándose en la misma medida que iban cayendo los goles de un Messi al que Bartomeu debería prepararle un jamón pata negra a la espera de la próxima renovación. Solo el malestar del rosarino puede acabar con la presidencia del actual inquilino de la butaca más noble del estadio azulgrana y el público, al verle teniendo que dar la cara de una forma tan reiterada recientemente, temió por una sequía que no fue tal, pues Messi volvió a ver puerta después de trescientos noventa y ocho minutos sin mojar.

Si hasta permitió lucirse a Martin Braithwaite en su debut, que le asistió para el 4 a 0 antes de que Arthur Melo firmara el 5 a 0 definitivo. Todo ello supone la mejor prueba para constatar que no existe una correlación empírica que demuestre cómo el mal ambiente en los despachos pueda influir negativamente en el césped. Aun así el Barcelona da muestras de que sigue sin encontrar la solidez y la regularidad necesaria en el juego para afrontar las visitas al San Paolo y al Santiago Bernabéu con más garantías de las que lo hace, aunque esta vez sí logró dejar la propia puerta a cero. Es decir, a pesar del lío en los despachos el equipo está como siempre, sin ofrecer demasiada confianza en cuanto al juego colectivo y siempre a merced de la inspiración del rosarino. Y eso puede no ser del todo negativo, porque Messi sigue demostrando puede con todo. Y Bartomeu sonríe por ello. Por lo pronto, ya no hubo pitos ni pañuelos blancos al final del partido.

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