La historia de Maradona y Napoli comenzó un 5 de julio de 1984. Fue amor a primera vista. Unos 80.000 hinchas fueron a recibirlo al San Paolo en su presentación y Diego los correspondió con dos buenas temporadas hasta que se fue al Mundial de México 1986.
Tan solo tres meses después de finalizar la máxima proeza que un futbolista había realizado en la historia del fútbol, decidió que también iba a ser un Dios en Napoles. Comenzó la liga con un gol ante Brescia, a domicilio, que significó los tres primeros puntos. El tanto fue una obra de arte. En la medialuna bajó la pelota con el pecho, se giró con una atlética, pero artística rapidez y se puso de cara al arco. El pie zurdo junto a la cadera gambeteó a un rival y luego, casi sin recorrido, definió cruzado, al ras, dejando al arquero helado.
Diego fue el único no italiano del plantel. Esto no le impidió generar una ascendencia total en el grupo de jugadores: era el amo del juego. "El puesto de Maradona está elegido en forma táctica, hay que dejarle expresarse a su manera sus cualidades y su talento. A nosotros nos toca formar un bloque compacto a su alrededor", comentó Ottavio Bianchi, el entrenador celeste.
Alcanzó los diez tantos, ninguno hizo más que él. Y aunque estuvo lejos del goleador Pietro Paolo Virdis, delantero de AC Milán que convirtió 17, hizo probablemente el más relevante de todos. Tuvo gemas contra Roma, Fiorentina o Empoli, pero el tanto que definió la liga tuvo lugar el 26/04/1987. Napoli venció 2-1 a AC Milán, y el 10 hizo explotar el San Paolo con su extrema lucidez. Fueron tres toques: con el primero bajó un envío llovido, con el segundo gambeteó al arquero y con el tercero fue eterno.
No fue sino hasta dos fechas más tarde cuando se coronó, con un empate 1-1 frente a Fiorentina. Aquel fue el triunfo de un pueblo oprimido. "Nosotros, los napolitanos, cuando vamos a jugar, sufrimos el racismo", dijo Maradona décadas después. Así como en Argentina vs. Inglaterra, Diego volvió a hacer del fútbol un acto político. El Sur venció al Norte. Los pobres a los ricos. Y todo con una estética que parecía privada para los humildes.
No sería el único título del club con el astro argentino, también ganó la Serie A en 1990, la Copa Italia en 1987, la UEFA en 1989, la Serie A y la Supercopa Italia en 1990. Pero el primero nunca se olvida. Como rezaba el cartel que colgó en el Cementerio de Napoles durante los festejos: “E non sanno che se só perso” (Nosaben lo queseperdieron).
El 4 de mayo del 2023 la gloria volvió a la ciudad, Napoli empató 1-1 ante Udinese y levantó su tercera liga. Diego ya no está, pero su legado es tan grande que San Paolo, donde festejarán las almas napolitanas próximamente, ahora lleva su nombre, su magia y su eterna mística.



