Demasiados parches para un River - Boca

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AFP
Un centrodelantero jugando de volante, un mediapunta por izquierda... Alfaro metió mucha mano en un equipo para jugar una serie de semifinales.

Boca estaba ante la gran posibilidad de tomarse revancha. Era una oportunidad que difícilmente se pensaba tener hace nueve meses. Pero que apareció sin buscarla y casi sin quererla. Y que a pesar de las grandes diferencias entre ambos, era, por sobre todo, una ocasión que no podía dejar pasar por alto.

Gustavo Alfaro suele decir que lo importante es dejar las series abiertas. Tal vez esa idea, que lo acompañó durante sus años triunfales en Arsenal en los cruces mano a mano, fue lo que lo llevó a idear una estrategia conservadora, muy similar, aunque algo más arriesgada, a aquella tan criticada en la Superliga. Tal vez fue simplemente su filosofía de juego, la misma que lo llevó hasta esta semifinal, pero que no le terminó de funcionar.

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Guste o no la ideología o, de mínima, el planteo táctico realizado por el entrenador, lo que no puede dejarse pasar por alto es la cantidad de parches que utilizó para afrontar una serie definitoria por la Copa Libertadores ante un rival que atraviesa un proceso que ya lleva cinco años. El entrenador decidió colocar a un centrodelantero a hacer la banda derecha y a un enganche -o mediapunta- a hacer la banda izquierda. Puso la heladera en el baño y el inodoro en la cocina. Spoiler: no funcionó.

Pero el error termina siendo doble, porque en el segundo tiempo, ya sea para remediar el problema o para intentar ir a buscar un gol salvador, terminó juntando demasiados futbolistas en ofensiva y descompensando un equipo cuya premisa era, justamente, todo lo contrario. Terminó 2-0, pero coqueteó con el tercero. Y con la idea de Alfaro de dejar las series abiertas, por el piso. El Falcon, esta vez, lo dejó a gamba.

 

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