El jugador que antaño parecía capaz de cubrir todos los huecos de la selección brasileña ya no se considera el líder indiscutible a las puertas del Mundial de Norteamérica. Durante más de diez años, Neymar cargó casi en solitario con los sueños mundialistas de Brasil. Esa carga no solo forjó su legado, sino que contribuyó a igualar el periodo más largo sin título mundial del país.
Manos en las caderas, mirada perdida. Lágrimas de tristeza y dolor. Con ocho goles en Mundiales, Neymar iguala a Rivaldo y supera a Rivellino, Bebeto, Romário y Garrincha, pero su imagen no es la de la celebración, sino el vacío. Una imagen que refleja los 24 años sin título mundial desde 2002.
Sin embargo, no puede cargarse todo ese periodo sobre Neymar: no jugó los Mundiales de 2006 y 2010 y, a diferencia de otras estrellas, nadie le pasó el testigo. Nunca tuvo un momento simbólico en el que una leyenda le mostrara el camino, como Pelé con Rivellino o Romário con Ronaldo.
Esta es la vigesimoprimera historia de la sección «Legacy» de Voetbalzone sobre el Mundial. Escucha ahora el podcast en Spotify o Apple.
Cuando Neymar debutó con Brasil en 2010, la selección carecía de líderes y de relevo generacional. Antes rebosaba de delanteros creativos; ahora ya no. Ronaldinho y Adriano ya habían pasado su mejor momento, y Kaká nunca se recuperó del todo de sus lesiones. No había nadie más, así que todo recayó sobre Neymar.
Así, entre 2014 y 2022, las esperanzas mundialistas de Brasil recayeron sobre un solo hombre, como si la nación futbolística más exitosa dependiera de repente de un talento excepcional, algo más propio de países pequeños.
De cara al Mundial de 2026, Neymar ya no es el mismo: conserva respeto, pero ha perdido peso en una selección que arranca con dudas.
El vacío que debía llenar
Desde su debut en 2010 se le exigió liderar una nueva generación que recuperara el estilo de la Seleção tras el equipo sobrio y disciplinado de Dunga, eliminado por Holanda en 2010. Sin embargo, los veteranos que debían respaldarlo no alcanzaban el nivel de las antiguas estrellas.
No fue hasta 2013, con el regreso de Luiz Felipe Scolari —el técnico campeón en 2002—, que Neymar recibió la mítica camiseta ‘10’ rumbo al Mundial en casa. Ganso, Alexandre Pato y Lucas Moura tampoco cumplieron las expectativas.
Que Neymar llevara el dorsal de Pelé lo decía todo. Scolari insistió en que no debía hacerlo todo, pero el equipo giraba en torno a él. No era extraño en una superestrella, solo que no había nadie en el ataque que le igualara en influencia.
Antes no fue así: en 1958, Pelé emergió, pero Garrincha fue igual de clave y Didi resultó el mejor del torneo. En 1962, Garrincha brilló tras la lesión de Pelé. En 1970, Pelé tenía a Jairzinho, Rivellino, Gérson y Tostão. En 1994, Bebeto y Romário lideraron el equipo, y en 2002, Ronaldo y Rivaldo compartieron el protagonismo. Nunca dependió de un solo hombre, ni siquiera de Pelé.
A los 22 años, en el Mundial 2014, Neymar mostró su talento y asumió la presión de liderar a Brasil en casa, en un clima político tenso. Ya se hablaba de «Neymardependência» y así lo reflejaban los medios antes de la semifinal contra Alemania.
De los diez goles de Brasil hasta entonces, Neymar había participado directamente en cinco: cuatro tantos y una asistencia. Sin embargo, en cuartos de final contra Colombia sufrió una grave lesión en la espalda tras una dura entrada de Juan Camilo Zúñiga, lo que puso fin a su Mundial. Sin él, todo salió mal: Brasil cayó 7-1 ante Alemania en semifinales, una derrota histórica.
Su ausencia aquella noche en Belo Horizonte dejó claro que Brasil dependía demasiado de un solo jugador, una sombra que aún persigue al equipo.
Getty ImagesEl príncipe que nunca llegó a ser rey
En la previa del Mundial de Rusia 2018, la «Neymardependencia» cobró nuevo sentido: ya no era solo su talento, sino el miedo a que llegara lesionado.
En 2017 protagonizó el traspaso más caro de la historia, del Barcelona al París Saint-Germain, donde debía convertirse en la gran estrella. Pero en Francia las lesiones y los altercados se sucedieron a un ritmo vertiginoso. Esa grave lesión a principios de 2018 —en un metatarso— fue tan comentada en Brasil como la táctica de la selección.
En el Mundial no estaba al 100 %, pero su actitud llamó más la atención: lloró tras una victoria grupal ante Costa Rica y, aunque marcó frente a México, todos recordaban sus exageradas reacciones a las faltas y sus largos revolcones.
Todo el mundo lo imitaba: desde niños hasta ancianos se tiraban al suelo riendo. Neymar se convirtió en un meme; para los rivales resultaba más cómico que peligroso. Y cuando la cara de tu selección nacional se vuelve un chiste, el país entero lo sufre.
En la fase eliminatoria nadie le acompañó y Brasil cayó en cuartos ante una Bélgica más convincente, con Lukaku, Hazard y De Bruyne. No hubo humillación como en 2014, pero esta vez Neymar se quedó con otro dolor: el de la vergüenza.
Getty ImagesEl fin forzoso de la «Neymardependencia»
En los años siguientes, Brasil pareció liberarse poco a poco de esa dependencia. En 2019 ganó la Copa América sin Neymar, quien estaba lesionado.
Sin embargo, su vida privada empezó a influir más en su papel en la selección. En la cancha seguía aportando goles, asistencias y esfuerzo, pero lo que rodeaba su juego pesaba más que su rendimiento.
En 2022 Vinícius Júnior, autor del gol del título del Real Madrid ante el Liverpool en la final de la Liga de Campeones, y Rodrygo, otro joven talento, apuntaron a una nueva era, aunque aún era pronto para despedir a Neymar.
En el Mundial 2022 parecía haber recuperado la forma, pero en el debut ante Serbia sufrió una lesión de tobillo. Richarlison respondió con dos goles y Vinícius asistió,
Sin él, Brasil venció 1-0 a Suiza con gol de Casemiro y su ausencia no generó pánico.
La victoria 4-1 ante Corea del Sur en octavos alimentó la ilusión. La nueva generación tomó la iniciativa con Vinícius como estrella, mientras Neymar aportaba un gol y una asistencia. Ya no era solo la estrella, sino también una especie de mentor. El jugador que antes cargaba con todo ahora empezaba a guiar a los demás. Por un momento, todo encajó. Pero el fútbol rara vez escribe cuentos de hadas.
Getty ImagesNuevos huecos, viejos problemas.
En cuartos contra Croacia, parecía su momento. Neymar marcó en la prórroga y lo celebró como si todo fuera a salir bien. La semifinal estaba cerca.
Sin embargo, poco después todo cambió: Brasil debía conservar la ventaja, pero sus compañeros siguieron atacando. «¿Por qué subís?», gritó. Fue el último ataque; Croacia respondió y empató.
Llegaron los penaltis. Neymar era el quinto, destinado a lanzar el decisivo, pero no llegó su turno: Rodrygo y Marquinhos ya habían fallado.
Brasil se quedó otra vez en cuartos. El sexto título mundial siguió esperando. La sequía llegó a 24 años, igual que entre 1970 y 1994. Las lágrimas de Neymar aquella noche parecían una despedida. Quizás fue su última oportunidad.
Getty ImagesDeclive y vacío
Los años previos a 2026 mostraron su declive: en el PSG quedó atrás ante la figura de Kylian Mbappé y, tras marcharse al Al-Hilal de Arabia Saudí, apenas jugó.
Con Brasil marcó dos goles ante Bolivia y superó a Pelé como máximo goleador histórico de la selección, un récord que pareció más un homenaje al pasado que una muestra de su presente.
En octubre de 2023 se rompió los ligamentos de la rodilla y estuvo un año de baja. Apenas regresó, se lesionó de nuevo. Su etapa en Arabia Saudí terminó y volvió emocionado al Santos. Pero en 2025 ya llevaba dos años sin jugar con Brasil.
Mientras, la selección brasileña seguía buscando: mucho tiempo con un técnico interino y poca estabilidad. Solo cerca del Mundial llegó Carlo Ancelotti, un peso pesado al mando.
Hay muchas incógnitas y, aunque Brasil ya no irradia la confianza habitual de cara al Mundial de 2026, las críticas no apuntan a la dependencia de Neymar, quien apenas tiene protagonismo.
No falta talento: Vinicius Jr. fue nombrado Jugador del Año de la FIFA en 2024 y Raphinha, en el Barcelona, aspiró al Balón de Oro.
Sobre el papel hay motivos para el optimismo, pero la realidad es otra: la mala racha tras 2022 ha frenado la confianza. Tener buenos jugadores no basta y ninguno ha trasladado su buen estado de forma del club a la selección. ¿El puesto de Neymar? Aún sin cubrir.
Símbolo de esperanza y decepción.
Durante más de diez años fue el símbolo de la esperanza, pero también del desencanto.
El seleccionador Ancelotti aún no lo descarta para 2026, pero cada vez tiene menos opciones y, si finalmente va, será bajo lupa. Quizá ya no como protagonista, sino como un recurso para el momento justo.
Es seguro: Neymar y Brasil han cambiado y ambos deben responder. La Copa del Mundo sigue siendo el escenario más importante.
Su historia en el Mundial quizá se recuerde más por lo que no fue: la lesión de 2014, las dudas de 2018, el penalti que nunca lanzó en 2022.
¿Acaso el fin de la «Neymardependencia» nos dará un desenlace feliz? Quizá no, pero en el fútbol todo es posible.
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