GoalTiempo de coronavirus, días de series. La insuperable ‘Ozark’ se imparten lecciones magistrales sobre cómo blanquear dinero para la mafia. La explosiva ‘Peaky Blinders’ nos relata el drama de una familia gitana dedicada a la extorsión. La kafkiana ‘Euphoria’ detalla el deseo adolescente de experimentar con el sexo y las drogas. ‘Los asesinatos del Valhalla’ revela la intrahistoria de un crimen que conmociona la particular cultura de Islandia y Noruega. La genuina ‘The Crown’ dibuja la vida, obra y milagros de una reina de reinas. Y en la quinta temporada del 'Barça de Bartomeu', el arte de convertir un club histórico en una sociedad histérica, aprendemos que existen ejecutivos cuyas decisiones siempre empeoran las anteriores.
Antes del coronavirus, durante y seguramente después, la directiva, dimisión arriba-dimisión abajo, se ciñe al guión original de la trama: presumir de una identidad futbolística que pisotea. El penúltimo capítulo de la serie es Arthur Melo. Un jugador que no es Maradona, ni Messi, ni Xavi, pero cuyo fútbol es un retrato-robot de las virtudes que adornaron al Barça como referente futbolístico mundial. Nacido en Goiana pero con ADN La Masia, Arthur pertenece al selecto club de jugadores que Martí Perarnau definió como los “Barça-hablantes”. Traducido a futbolés: tiene precisión milimétrica, sabe interpretar el juego con las pulsaciones tan bajas como las de Indurain y siempre tiene una solución para cada problema.
Arthur habría encajado con Cruyff, que demostró que el orden de los factores sí altera el producto; también con Guardiola, que sublimó la herencia de Cruyff; encajaba con Valverde, como eje creativo y no funcional; encaja con Setién, que se considera discípulo de Johan; y encajaría con Xavi Hernández, que aspira a ser más cruyffista que el propio Cruyff. Sin embargo, como la directiva siempre tiene un problema para cada solución, el penúltimo capítulo de la serie consiste en poner al brasileño en el escaparate, para ver si alguien pone una buena pasta para llevárselo. Como lo que queda de directiva busca dinero debajo de las piedras y algunos disfrutan enviando misiles encriptados a Xavi, quieren vender a Arthur. Nadie al volante.
El chico es feliz en Barcelona, desea quedarse y no quiere escuchar ofertas, porque quiere abrir la puerta grande del Camp Nou. Y también sabe que, a pesar de que el presidente le valora y no quiere traspasarle, y de que Setién le tiene como referente, hay quien planea su venta en los despachos. Como si no fuera una temeridad desprenderse de un tipo al que esta directiva buscó para construir el futuro. Los inventores del gotelé se han puesto manos a la obra. Su método, el habitual goteo de filtraciones interesadas. "Hay que vender a Arthur", repiten. Bingo: cada decisión empeora la anterior.
Rubén Uría




