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Copa de la Superliga

Oídos sordos, fútbol mudo, morbo cero: así lo vivió Zárate

22:14 ART 12/5/19
Mauro Zarate Agustin Bouzat Velez Boca Copa Superliga 12052019
El delantero de Boca volvió a Liniers por primera vez tras su polémica salida del Fortín. ¿Se habrá guardado la magia para la revancha?

El clima está espeso. Hay tensión. Cada 15 minutos, algún sector de algunas de las tribunas arrancan algún cantito que hace referencia a lo que pasó. Cuando su apellido suena en los altoparlantes, la catarata de insultos y silbidos es total. Pero el tipo entra a la cancha y ni se inmuta. Se refriega las manos, hace algunos piques cortos, charla con sus compañeros. Se lo ve metido. Y aunque escucha, porque es imposible no escuchar, hace oídos sordos.

Así fue el regreso de Zárate a Vélez

Es difícil saber cuánto le afectó toda la situación. En La Bombonera, Guillermo Barros Schelotto había optado por cuidarlo justamente de todo este entorno. Gustavo Alfaro no tomó la misma decisión que su predecesor y, a pesar de haber jugado el jueves un partido desgastante en una cancha pesada, eligió ponerlo igual.

La grieta por el Zárategate

Lo cierto, motivos al margen, es que en el contexto de un rendimiento más bien apático desde lo colectivo, Mauro Zárate mostró un muy flojo nivel en lo individual. Intervino poco y se lo vio desconectado del resto de sus compañeros: la primera pelota que tocó fue promediando el primer tiempo y enseguida lo cortó con falta Gastón Giménez, en lo que fue una constante durante el resto del partido. Fue amonestado a los 50' por una infracción (cometió 5), no pateó al arco, tocó 34 pelotas y tuvo una precisón en pases del 72,7%.

Las pocas veces que se encontró con la cancha de frente para encarar, terminó tomando malas decisiones. La jugada más representativa se dio en el complemento, cuando se sacó la marca de encima sobre la banda derecha, avanzó diez metros con el arco en la mira, pero en vez de seguir, se la dejó corta a Carlos Tevez. Estaba para salir, pero el DT fue astuto y no lo expuso.

En definitiva, no hubo lugar para el morbo. Apenas para los silbidos y los insultos en las pocas intervenciones que tuvo a lo largo de los 90 minutos en un aburrido 0-0. No frenó a dar notas para la TV y dejó el campo de juego cabizbajo, sabiendo que estuvo lejos de responder en lo que parecía que iba a ser el partido más morboso del año, pero en el que, al final, no pasó nada.