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Una reflexión de Javier Cordón: "El mundo al revés"

14:11 ART 5/3/19
Vestuario de Francia | André Pierre Gignac
Una brilante y necesaria reflexión sobre la industria del fútbol

En los vestuarios de los equipos de fútbol mandan los más jóvenes. O, mejor dicho, ya no mandan los veteranos. Hubo un tiempo en el que era al revés: el canterano era sometido a un proceso interno de aprendizaje por parte de los miembros más antiguos del grupo y, en ese sentido, el salario o el peso dentro del equipo era proporcional a la edad. Ahora, la película ha cambiado. El fútbol moderno prioriza lo mercantil a la formación. Existe cierto temor y proteccionismo hacia la estrella emergente, no vaya a ser que se enfade y se trunque el negocio.

Desde mi punto de vista, algunos jóvenes jugadores gozan del trato de estrella demasiado pronto. Llamadme clásico, pero creo que el proceso de formación de un jugador exige sosiego y méritos a la hora de alcanzar ciertos privilegios. Puede que a cierta edad temprana un chico sea capaz de quemar etapas rápidamente entrenando y compitiendo con los profesionales, pero eso no significa que merezca semejante estatus fuera del terreno de juego. El compañero veterano, que anteriormente pasó por ahí, aceptará de buen grado que un adolescente aporte calidad a los entrenamientos y rendimiento a la competición, pero jamás tolerará ciertos comportamientos de “niñato malcriado”.

Por muy bueno que uno sea, nadie debe saltarse los códigos de convivencia de un vestuario profesional. El fútbol es un deporte colectivo y, por lo tanto, el respeto a los mayores hay que ganárselo. Sobre todo porque son precisamente ellos, los veteranos, quienes contribuirán a que el novato supere su bisoñez -y si además logra caerles en gracia, incluso lo arroparán para que sea aún mejor-. Por tanto, es básico -y casi obligatorio- que los jóvenes deportistas sean capaces de conquistar el corazón de todos y cada unos de sus compañeros, así como de los miembros del cuerpo técnico y, por supuesto, del personal del club que asiste diariamente a la plantilla. El motivo es sencillo: primero por pura educación y, segundo, porque no podemos obviar que la formación/trayectoria de un jugador es relativamente larga y nunca exenta de infinidad de dificultades. Por ello, lo más inteligente es ser capaz de ir sumando diariamente maestros y amigos a la causa. Ahora mismo me viene a la memoria el caso de Andrés Iniesta. ¿Qué hubiera sido de él si cuando tuvo el episodio de depresión en 2009 no hubiera tenido el apoyo del mundo del fútbol?. En la vida, como en el deporte, hay más derrotas que victorias por eso lo más sensato es buscar aliados en lugar de detractores que te ayuden a digerir mejor esos malos momentos -algo que solo se gana con la forma con la que uno actúa e interactúa-. Porque cuando uno es joven todo puede parecer más fácil, pero a medida que se van cumpliendo años la cosa siempre se complica…

Actualmente, el mercado ha alterado la lógica salarial de las plantillas. El show business rinde un verdadero culto a la estrella emergente, colocando al niño en un altar de barro. La compra/venta de jugadores jóvenes por parte de los clubes más poderosos económicamente hace que el jugador veterano se sienta, por momentos, desprotegido en beneficio del neófito. Los becarios mandan en la oficina.

Bienvenidos sean los talentos jóvenes, descarados y con ambición en el verde. Pero, ¡un respeto al veterano! Por ello, es vital que la tarea del entorno más cercano del futbolista sea la de ayudarle a respetar los códigos del vestuario, a escuchar a los mayores y a no pavonearse porque cobre más que el de al lado. Por momentos, clubes, representantes y marcas deportivas miman más al jugador potencial que al jugador realidad. ¿Por qué?  Seguramente porque al captar a una estrella emergente se cumple una doble función estratégica: lo tengo yo y no lo tienes tú. Las reglas mercantiles son las que son, pero no olvidemos que la acción comercial no debería restarle hambre, inocencia y ganas de jugar a nuestra materia prima ya que estaríamos limitando su potencial.

En mayor o menor medida todos hemos contribuido a que, por momentos, los más jóvenes vivan en una cierta irrealidad. Es un mal endémico de nuestra sociedad. Les damos mimos en exceso y elogios en abundancia. Tanto halago empobrece, no ayuda a esforzarse y perjudica a la hora de asumir responsabilidades propias. Es por ello que los agentes debemos conseguir -mediante una adecuada estrategia de negociación con el club- las mejores condiciones económicas y deportivas para el jugador. Es decir, equiparar el salario del joven talento a la nueva situación y al potencial que se le intuye. Pero sin olvidar que este punto debe ser complementario a la realidad personal: diariamente el jugador va a convivir con compañeros mucho más mayores que él que, seguramente, tendrán un estatus económico inferior. Por lo tanto, será labor del representante darle consejos para que, cuando llegue a la ciudad deportiva a entrenar, se olvide de contratos o bonus y se ponga a trabajar como el que más ya que el grupo analizará todos sus gestos.

Mi consejo siempre es el mismo: no presumas, no alardees, no saques pecho ni te creas en ningún caso superior a nadie, pues esa será la base de tus días como colega de vestuario. Por el contrario, si eres un excelente jugador con un alto estatus económico/deportivo y decides ganarte a buenas el respeto de tus compañeros -e incluso el de tus rivales- tendrás de tu lado a los mejores mentores. Tú eliges, maestros o simples compañeros de profesión. En definitiva, si los jugadores son capaces de convivir sin prepotencia con el rol antinatural que el nuevo salario les ha otorgado a través de un comportamiento afable y correcto con sus compañeros habrán conseguido algo que debería ser normal, pero que en los tiempos que corren es extraordinario.      

En un fútbol cada vez más hiperconectado, donde es fácil que los clubes tengan acceso al perfil personal de los jugadores, estoy convencido que siendo educado,  humilde, buen compañero y comprometido con el equipo muchas puertas se abrirán. Al fin y al cabo el deporte colectivo es convivencia e interacción. En definitiva, son relaciones personales y todos debemos ayudarles a trabajar y a mejorar en esa importante faceta.

Javier Cordón es agente de futbolistas profesionales.