Boca, La Bombonera y Diego Maradona son prácticamente inseparables. Por eso, se esperaba que le homenaje que le rindiera el Xeneize al máximo ídolo popular de la Argentina, hincha del club, sea uno de los más emotivos del fútbol argentino. La presencia de Dalma emocionó hasta las lágrimas a todos, pero, a nivel institucional, quedó un sabor amrago por la poca inventiva de la dirgiencia.
Al término del primer tiempo, se apagaron las luces de La Bombonera -no todas, claro- y, entre sombras, lo único que quedó iluminado fue el histórico palco del Diez. Y ello no solo quedó como un gesto de frialdad, sino que, además, fue repetitivo: es lo mismo que se hizo, con mucho mayor impacto y eficacia, en redes sociales el día que falleció.
Quedó gusto a poco y será una cruz con la que tendrá que cargar una CD que ya había tenido un fuerte cruce con Diego cuando el equipo de Miguel Ángel Russo enfrentó a Gimnasia por la Superliga. Si era una oportunidad para redimirse, la desperdició.
