Goal.com
+18 | Contenido comercial | Se aplican términos y condiciones | Juega responsablemente | Principios editoriales
Alejandro SabellaTwitter

Sabella: de El Descamisado a Belgrano

Todavía el presidente era un dictador y las calles olían a miedo. La Plata, esa ciudad donde él vivía y donde jugaba, tenía la carne al rojo vivo de tantas torturas sufridas en un terrorismo de Estado tan despiadado que la noche del 16 de septiembre de 1976 los represores habían decidido secuestrar diez chicos de escuelas secundarias, desapareciendo a seis de ellos, en lo que se conoció como La noche de los lápices. Reynaldo Bignone oficiaba de mandatario de facto, pero el poder se le escurría de las manos a los militares y a los cívicos cómplices del proceso más triste de la historia argentina. La pelea por la democracia iba venciendo y habría elecciones. Pocos, aún así, se animaban a hablar. La revista El Gráfico, socia-operadora mediática de los asesinos del poder, preguntaba a los jugadores a quién votarían. No todos se animaban. Alejandro Sabella, sin titubear, dijo que votaría a Ítalo Luder, porque siempre había sido del Partido Justicialista, aunque muchísimos peronistas formaran parte de los 30.000 desaparecidos.

Tremenda emoción sintió el 6 de junio de 2014, días antes de viajar al Mundial de Brasil 2014 donde su Selección llegaría a la final, cuando en el predio de Ezeiza se sacó una foto con Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, con un cartel que seguía buscando a los chicos que la dictadura les robó a las secuestradas que caían embarazadas, para luego entregarlos ilegítimamente a otras familias, sin nunca aclararles la verdad de su identidad. En parte, veía a Lionel Messi con ese cartel, a pleno compromiso, y se sentía realizado porque Sabella era de esos tipos que entiende que la vida tiene peleas importantísimas, más allá de la pelota. Un compromiso que tampoco negó cuando desaparecieron 43 jóvenes mexicanos en Ayotzinapa, sumándose a la campaña pidiendo justicia.

En sus épocas de estudiante de Derecho había empezado a interesarse en la política. Nacido en una familia de clase media de Palermo en las épocas en que el barrio porteño todavía no era ni cheto ni cool, aprendió la importancia de estudiar de su madre, una maestra. Le interesó, también, la medicina, pero no le daban los tiempos para poder hacer residencias. Su cabeza intelectual y ser joven en la década del 70 volvieron a Sabella un tipo comprometido con su tiempo: en su cuarto, tenía póster con la cara de Juan Domingo Perón y leía El Descamisado, la revista que sacaba Montoneros, la guerrilla de los setenta. 

Sabella nunca tuvo vergüenza en decir lo que pensaba: en épocas de bipolaridad política en Argentina, de kirchnerismos contra antikirchnerismos, siendo el entrenador de la Selección argentina, no negó su identidad y se mostró a favor de muchísimas políticas del gobierno de Néstor y Cristina Kirchner. Incluso él, un personaje muy poco cholulo, en un amistoso entre su equipo y Suecia, se acercó a Zlatan Ibrahimovic para pedirle su camiseta, que tiempo después le entregó a la actual vicepresidenta para que se la diera a su hijo Máximo, como regalo.

No había fanatismo en el pensamiento de Sabella, sino convicción y estudio. Sus lecturas fueron amplias. De hecho, el día en que asumió como entrenador de Argentina citó a John Kennedy y a Manuel Belgrano. Sobre el creador de la bandera nacional, sostiene una admiración que un día le fundamentó al periodista Jorge Topo López, detallándole lo importante que le parecía que un político de semejante talla hubiera tenido la dignidad de morir pobre, pero entregando todo su dinero a la patria.

En el concepto de patria, el entrenador dejó su último gran mensaje en la Selección argentina. Tiempo atrás, Cristina Kirchner había anunciado un slogan que el peronismo joven utilizó como bandera: "La Patria es el otro". El día en que su plantel regresó de Brasil, tras perder la final, pero con el orgullo de haber llegado tan lejos, él, al lado de la expresidenta, anunció: "La Patria es el equipo".

Anuncios