"Rodrizontal" y las verdades del barquero

Rodri Manchester City 2021-22Getty

Decía José María García, que con sus defectos y virtudes sigue siendo el gran referente del periodismo deportivo de este país, que el tiempo es un juez insobornable que pone las cosas en su sitio. Y en el caso de Rodrigo Hernández Cascante, el tiempo se está encargando de separar el grano de la paja. Dentro del campo, Rodri ha tenido respuesta para todas y cada una de las disparatadas profecías de los rapsodas del pasado. Está completando una temporada antológica, se ha consolidado como uno de los mejores mediocentros del mundo, está liderando el centro del campo del City, le está dando la razón a Guardiola con su fútbol y se ha metido en el bolsillo a la crítica especializada de la prensa de la Premier League, cuyo criterio tiene una base científica clara: ven todos los partidos del jugador español y no opinan por boca de ganso, ni frencuentan los lugares comunes de unas redes sociales que supuran bilis, prejuicios, medias verdades y etiquetas de cartón piedra. 

Los trovadores de la ciencia-ficción sostienen que Rodrigo se arruga en los partidos de nivel, pero el campo no miente. Pregunten quién devoró al centro del campo del Chelsea, Kanté y Jorginho incluídos, cuando ese equipo está diseñado para ser una máquina imparable de triturar huesos. Los juglares del fútbol que sólo se puede jugar de la manera que a ellos les gusta dicen que Rodri sólo sabe dar pases hacia atrás, pero la realidad es que cualquier entrenador de nivel sabe que, en muchas ocasiones, el pase atrás es la mejor solución para reagruparse, rearmar la jugada y mejorarla. Los amigos del club del absurdo bautizaron a Rodri como “Rodrizontal”, pero se quedan sin argumentos cuando Rodri roza el 90% de acierto en pase, cuando ha mejorado su verticalidad y sobre todo, cuando está pisando más área rival que nunca. Los que opinan sin saber llevan años diciendo que Rodri no tiene presencia, quite y tampoco gol, pero el pseudo-debate muere si uno se toma la molestia de ver los partidos del City, repasar los números de Rodri o simplemente, tener ganas de ver su último partido. Rodri no es perfecto, tiene margen de mejora y todavía puede ser incluso mejor mediocentro de lo que ya es. Seguro. Incluso puede llegar a ser aún mejor de lo que él mismo cree. Lo que no tiene un pase es seguir negando su fútbol y su personalidad. Quiere, sabe y puede. El tiempo le ha puesto en su sitio.

Otra estupidez habitual con Rodri es la eterna letanía injusta de la media verdad, la peor de las mentiras. La que intenta hacerle pasar por pesetero y por alguien que quiso salir corriendo para dejar tirado al club colchonero. Difama bien y no mires a quién. La realidad es que, en su día, Rodri hizo lo imposible por fichar por el Atleti. O que pudo irse mucho antes pero siempre escuchó a Simeone, con el que tiene una magnífica relación. La realidad es que Rodri fue de cara en todo momento con el Atleti. Que dejó un pastizal en las arcas del Atlético, que el club no vio con malos ojos su venta y que, con ese dinero, se cuadraron números y el balance económico se saneó. La verdad del asunto es que Rodri no tiene la imagen ni el relato artificial que adorna a otros jugadores, pero a cambio tiene algunos valores que, por más que se quieran tapar, siempre salen a la luz. Ni es un traidor, ni es un pesetero, ni dejó tirado a nadie, ni es “Rodrizontal”, ni es un jugador que se arruga, ni es un mediocentro sobrevalorado.

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Simplemente, Rodri es un chico tímido que no juega con cartas marcadas, que huye del fango mediático, que se limita a hablar en el campo y que, por más porquería gratis que le llueva desde al rincón más cobarde de las redes sociales, es uno de los mejores centrocampistas del mundo. Pregunten a Simeone. Pregunten a Guardiola. Y pregunten a Luis Enrique. Los tres entienden el fútbol de manera distinta y conciden con Rodri. Lo tienen claro. Es uno de los mejores mediocentros del mundo. Uno que no tiene prensa, pero que juega de cine. Parafraseando al maestro García, con Rodri todo es sencillo. Basta verle jugar cada fin de semana. Esas son "las verdades del barquero".


Rubén Uría