"Barça sí, Laporta no". Esos gritos no se escuchaban en el Camp Nou desde que Joan Laporta expulsara del estadio azulgrana a los Boixos Nois, la afición históricamente más radical del Barcelona. Hacía mucho tiempo, también por la ausencia de Laporta en el cargo de presidente, que ese cántico no se prodigaba por el entorno de la casa culé. Volverlo a escuchar era cuestión de tiempo. Menos de un año después de ganar las elecciones, la junta directiva del Barça cometió un error que dio alas a los anti-laportistas. La pasada semana, el entorno más próximo a los expresidentes Sandro Rosell y Josep Maria Bartomeu ya inundó con mismo mensaje a una buena cantidad de periodistas, que recibieron un texto preparado, editado y construido que señalaba a Laporta por ciertas acciones llevadas a cabo durante los últimos años de su carrera profesional. No pasó nada tras aquello.
Pero ese mensaje fue la previa de una mala decisión que abrió la puerta de par en par a los más alejados al presidente. A los que aprovecharon un gravísimo error social para seguir con su guerra particular. La que también libra Laporta desde su trinchera. Permitir que casi 40.000 aficionados del Eintracht de Frankfurt inundaran el Camp Nou y generaran a los culés la sensación de jugar en campo contrario fue la consecuencia de una horrorosa decisión para hacer caja. El club ganó 3 millones por el taquillaje. Habrá opiniones para todo en la gestión, pero provocar que la masa social se sienta ultrajada es un pecado capital. La grada de animación, representada por colectivos de distinto talante barcelonista, ya abandonó su zona durante diez minutos ante el equipo alemán en señal de protesta, pero este lunes de Pascua decidió llevar su reivindicación al extremo de no acudir al partido ante el Cádiz.
Lo sucedido frente el Eintracht, sumado a unas explicaciones que indignaron a centenares de socios por ser poco autocríticas, llevaron a los cuatro grupos de la grada a abrir un debate intenso sobre si debían asistir al estadio y animar a los jugadores blaugrana en el duelo ante los gaditanos. La votación no fue unánime, pero se respetó a la mayoría. La Penya Almogàvers votó en contra y Nostra Ensenya dudó hasta el último momento, aunque terminó votando a favor, junto a Front 532 y los Supporters Barça, que abogaron claramente por el boicot. La democracia ganó y el Camp Nou reflejó una imagen inédita: la grada baja del Gol Norte lució vacía. Nunca antes sucedió.
La reivindicación impactó en un estadio que se quedó sin animación organizada, pero en la explanada de delante de la tribuna principal hubo otra manifestación. En ella se reunieron una treintena de aficionados para recriminarle a Laporta los hechos del pasado jueves. Algunos de ellos decidieron taparse la cara. Los Mossos vigilaban a unos veinte metros, una distancia prudencial. Hubo algún enfrentamiento con otros socios que les reprendieron por los gritos, aunque esa tensión no fue a más. Fue un acto minoritario, pero que demuestra que los que siempre han detestado al presidente siguen alerta y preparados para actuar. "El Barça somos nosotros", vocearon.
