OPINIÓN: La suerte perdida del Sevilla en la Europa League

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Tras la sonada eliminación en Praga, Machín se escudó en la mala suerte pero los golpes de fortuna siempre llegan cuando hay mimbres para ello.

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"Si el partido hubiera terminado un minuto antes, todos diríamos que hemos sabido superar las adversidades pero ese minuto nos deja fuera". Así resumía Pablo Machín la sonrojante eliminación del Sevilla en la UEFA Europa League a manos de un rival tan inferior como el Slavia de Praga. El rival más débil del bombo dejó fuera al pentacampeón y la derrota sólo hace desnudar las carencias de un proyecto que no termina de encontrar el camino desde que Monchi abandonó el barco en marzo de 2017.

El rey abdicó en la fría noche checa y ciertamente la fortuna no le acompañó en toda la eliminatoria. Concedió dos goles de rebote, le pitaron un penalti en contra muy discutible, le anularon una jugada de gol legal en la ida y sufrió un arbitraje muy casero en Praga. La mala o la buena suerte es un aspecto necesario en el fútbol, a veces aleatorio pero otras es, simplemente, consecuencia del trabajo realizado o no previamente.

El Sevilla ha necesitado tandas de penaltis para ganar 3 de sus 5 Europa League, se ha salvado con goles del portero en el último minuto, se ha metido en una final con un gol en el 93, mientras que sus rivales, perplejos, señalaban a su flor, debía ser casi un jardín botánico, como secreto de su éxito. Sin embargo, aquellos golpes de fortuna tenían mucho más que ver con el trabajo que con los astros.

Que el Sevilla de Emery eliminara al Real Betis, al Benfica o al Athletic en la llamada lotería de los penaltis tuvo más de causalidad que de casualidad. El antiguo preparador de porteros, Javi García ayudó en esas tandas de penaltis a que Beto y Soria acertaran la dirección de prácticamente el 100% de los lanzamientos, mientras que de 14 penaltis lanzados entre tres tandas, el Sevilla marcó 13, fruto de que el técnico vasco los practicaba siempre antes de los cruces decisivos.

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M'Bia marcó un gol agónico en Valencia pero para conseguirlo antes tenía que tener a un jugador de 1,93 como Fazio que peinara el balón en el envío decisivo. El Sevilla de Juande Ramos también se puso 2-3 en Ucrania el día del mítico gol de Palop, pero a diferencia de lo vivido ayer en Praga, cuando se puso por delante echó el cerrojo al partido y su rival ya no tuvo opciones.

Es cierto, el Sevilla de Machín no ha tenido suerte pero para tenerla hay que evitar jugar con un equipo con una media de altura de 1,75, hay que evitar que tu carrilero izquierdo sea delantero por no tener opciones válidas en la plantilla, hay que evitar que Jesús Navas esté fundido por tener un relevo que no juega desde noviembre, hay que evitar conceder faltas absurdas en el descuento, y, por ejemplo, hay que tratar de darle mimbres al entrenador para su sistema y no hacerle colocar a varios jugadores fuera de su sitio pero también un  entrenador de élite debe saber adaptarse a lo que tiene.

En definitiva, el Sevilla hace tiempo que dejó de planificar las cosas para que la suerte llegara a sonreirle, vive a golpe de impulso, en una continuada huida hacia adelante que le ha llevado a tener hasta 5 entrenadores, y posiblemente a estar a las puertas de contratar al sexto, desde que se fue Monchi. El fiasco de Praga es, sin duda, un paso atrás y en las manos de los dirigentes sevillistas está que sea para coger impulso y volver trabajar para que la suerte perdida vuelva a aparecer.

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