Se dio un baño de realidad el Barcelona ante el Girona. El cuadro azulgrana tuvo que luchar contra el rival y contra sus propias frustraciones, especialmente después de la expulsión de Clément Lenglet y de que el club gerundense lograra remontar el gol inicial de Leo Messi, y no logró la victoria hasta que Ernesto Valverde no dio carpetazo con las rotaciones y devolvió al terreno de juego a Philippe Coutinho y a Ivan Rakitic en el lugar de Arthur Melo y Arturo Vidal en el segundo tiempo. Hasta entonces solo el rosarino había generado peligro.
A raíz de eso suyo fue el gol que abrió el marcador tras una buena contra conducida por Vidal. La tranquilidad de verse por delante en el marcador invitó al cuadro azulgrana a gustarse y de tanto mirarse haciendo rondos para desgastar al Girona los hombres de Valverde se fueron desconectando del partido hasta perder numerosos balones que, en ocasiones, obligaban a intervenir a Marc-André Ter Stegen. En estas, Clément Lenglet, debutante en el once, fue expulsado por un codazo que traerá cola después de que el árbitro, Gil Manzano, percibiera intencionalidad cuando soltó el brazo tras una dura entrada de Pere Pons, que hasta le pidió disculpas al francés antes de ser expulsado a falta de diez minutos para el descanso.
El Barcelona siguió a lo suyo, convencido de sacar el partido pese al contratiempo, pero el gol de Christian Stuani al filo de la media parte pudo enterrar al cuadro azulgrana, quien retomó el juego sin Ousmane Dembélé -fue el sacrificado para dar entrada a Samuel Umtiti y guarecer la defensa- y con todavía más dudas. Stuani tardó solo seis minutos en poner al Girona por delante después de que a Gerard Piqué se le vieran las vergüenzas al perder la ventaja en el balón disputado que habilitó al delantero uruguayo para anotarse su segundo tanto de la noche. Fue entonces cuando Valverde dijo basta.
El técnico dio entrada a Coutinho y Rakitic y recuperó el centro del campo titular, con el que el Barcelona se hizo amo y señor del partido a pesar de que Messi seguía demasiado solo. El rosarino lo intentó de jugada, en estrategia y hasta a balón parado, sin éxito. Y fue en la jugada menos plástica del partido, un balón loco en el área pequeña del Girona, cuando Piqué estableció el empate, que desencadenó, más si cabe, el juego del Barcelona, con la victoria entre ceja y ceja. Pero esta vez el milagro lo obró el Girona, capaz de puntuar por primera vez ante un cuadro barcelonista al que no lograron salvar ni siquiera sus jugadores titulares.

