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Marcelino García Toral Athletic ClubGetty

Marcelino no quiso

Quienes aman a los perros y no transigen con la afirmación de que existen razas peligrosas, argumentan que los canes se comportan en función de la educación recibida; que la instrucción impartida a estos animales de compañía prevalece sobre la agresividad que los perros puedan llevar en los genes. Desconozco hasta qué punto una afirmación semejante es completamente sincera o responde a una realidad científica porque no soy persona de animales de cuatro patas, la verdad.

Lo que sí conozco –no en vano llevo cuatro décadas largas interesándome por las tripas del fútbol– es cómo se comportan los futbolistas en el verde. No negaré que los hay anárquicos que no atienden a las instrucciones, pero la mayoría –y más en este balompié de hoy, tan de escrutinio digital de desempeños– saltan al césped con el convencimiento de que deben aplicar las instrucciones del cuerpo técnico.

Anoche no fue una excepción. Los leones que se enfrentaron de salida al Real Madrid fueron advertidos de que con sus virtudes no les alcanzaba para ir a marcar primero a los madrileños. Las advertencias no tienen por qué ser explícitas al estilo de “tenéis enfrente a un equipo demoledor”, basta con pedir a los jugadores que no se olviden de incluir el freno de mano en la pantaloneta, para tirar de él durante la primera hora tantas veces como sea menester.

Habrá quien dé un paso al frente para colocarse al lado de Marcelino y defender sus argumentos (los que ha utilizado y también los silenciados) porque crea que la única opción de meter la mano en el bolsillo y llevarse la cartera de los de Ancelotti pasaba por ser solidarios, mostrarse tensos y miméticos en la presión, acularse bien sujetos en el área cuando hiciera falta y fiar el éxito a una (o varias) acciones al contragolpe o mediante el brillo del balón parado, que, como la cama, iguala a los individuos.

El problema es que los del Bernabéu no son ni parecidos a los del Metropolitano del jueves pasado. Que organizar una partida de Risk a defender tus fronteras en lugar de buscar tu propia expansión desde el arranque, difícilmente hará que tus huestes alcancen el último bastión soñado. No seré quien niegue que desde la prudencia es más asequible defenderse con una mayor prestancia en la mayoría de los casos, pero ganar –que de eso se trata en cualquier campeonato– se torna asimismo más complejo si plantas las piernas más en tu parcela que en la transición a la del rival.

Las opciones del Athletic de imponerse anoche al Real Madrid era seguramente exiguas pero se hicieron aún menores cuando el de Careñes trasladó la necesidad de estar pendientes del contrario como un padre de su hija adolescente en la verbena de las fiestas del pueblo. El sumatorio de inputs negativos se convierte en un paisaje que difícilmente se puede transformar en una media hora final. Si a una menor calidad le sumas un mensaje timorato y una ventana a la esperanza de solo un puñado de minutos porque has decidido poner sordina a gran parte de la fiesta...

Ayer el Athletic, y sobre todo los más jóvenes de plantilla, metieron a la saca otra experiencia más en una final, pero también somatizaron un discurso exento de ambición por parte de quien decide las alineaciones. La última vez que Real Madrid y Athletic Club se habían enfrentado en una final fue en 1958, la célebre de los Once Aldeanos. Los del Botxo se impusieron al Real Madrid en el propio Chamartín por 0-2; un Madrid que un mes antes había ganado su tercera Copa de Europa consecutiva y la Liga. Para enfrentarse a los Di Stéfano, Rial, Chus Pereda, Santamaría, Lesmes y compañía, Baltasar Albéniz alineó un once con una media de edad de 26 años comandado por un Koldo Aguirre de 19 y solo 8 partidos en la élite. Eneko Arieta y Mauri marcaron en el 20’ y el 23’, no esperaron a que el campeón de Europa se cansara o se desesperara.

Ningún aficionado rojiblanco exigía esta vez levantar el trofeo, mas sí quizá levantar la cabeza desde el inicio hasta el final. Perseguir sombras nunca ha sido un ejercicio del gusto de los seguidores del Athletic, al menos como presupuesto de salida. Conviene repasar la historia y mimar la formación.

Lartaun de Azumendi

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