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Argentina

Lo que pasa cuando la 'idea' no acompaña a Messi

15:00 ART 15/6/18
Messi Bosnia
En el primer partido del Mundial 2014, Alejandro Sabella probó un experimento que quedó expuesto principalmente en el rendimiento del 10.

En el primer tiempo dio cuatro pases equivocados y perdió la pelota cinco veces. En el segundo, dos veces entregó mal y sólo una vez la perdió. ¿Por qué? ¿Qué cambió? ¿Cuál fue la diferencia? Lo que ocurrió fue que en la primera parte del debut de la Selección argentina en el Mundial 2014, ante Bosnia, no se sintió cómodo con la propuesta. En el complemento, la historia fue otra. Lionel Messi, más que cualquier otro jugador, necesita un contexto para poder lucir. Una idea que lo acompañe.

Cinco defensores. Dos internos. Dos por afuera. Un delantero para acompañar. Con ese sistema, un experimiento de Alejandro Sabella que no tuvo nada que ver con lo que había hecho en las Eliminatorias 2014 que lo habían clasificado, el 10 de la Selección argentina no sólo se sintió incómodo: jugó mal en esos primeros 45 minutos. Por afuera, con Pablo Zabaleta como hombre por derecha, no llegaba nadie. Por la izquierda, a Di María no le alcanzaba. Agüero era una referencia sin peso. Mascherano y Maxi Rodríguez no llegaban a acompañar los ataques.

Entonces, con ese panorama, el talento de Messi quedó expuesto. Porque, cuando agarró la pelota, sufrió por la falta de descarga. Perdió por la carencia de variantes. Se vio expuesto por un equipo que jugaba a la defensiva ante un equipo defensivo. 

En el entretiempo, Sabella metió mano. La historia cambió. Ingresaron Fernando Gago y Gonzalo Higuaín. Salieron Hugo Campagnaro y Maxi Rodríguez. El sistema quedó 4-2-3-1. Y la diferencia fue muy grande. Messi empezó a ganar peso ofensivo y encontró pases en cada una de las líneas. Bosnia, un equipo duro, ya no sólo tenía que cortar la carrera de la Pulga, también las opciones de pases que giraban alrededor, especialmente de Gago, que se acercaba para las conexiones más cortas, Di María, que iba al espacio, e Higuaín, que se codeaba entre los centrales, escapaba del área y retrocedería varios metros para conectarse.

De los 11 remates de Argentina, cuatro fueron de Messi. Uno de esos disparos fue el golazo que le marcó al arquero Begovic. Aceleración de frente. Rebote de Higuaín. Amagues y todo el tiempo del mundo hasta encontrar el hueco. Fue el 2 a 0. Fue uno de los goles más gritados de la Pulga con la camiseta argentina. Fue el adiós a la maldición de no haber marcado en el 2010. Y, fue, sobre todo, una sentencia: mientras mejores jugadores buenos y ofensivos alrededor tuviera, mejor iba a jugar.

Lo que pasa cuando la 'idea' no acompaña a Messi fue evidente en el primer tiempo. Casi tan fácil de notar como lo que ocurre cuando el 10 tiene un contexto que lo ayuda a ser aún mejor.