Al micrófono, Koke, capitán del Atlético de Madrid. Al otro lado de la conferencia de prensa, una pregunta incisiva, correcta y con carga de profundidad por el debate social generado. La respuesta de Jorge Resurrección, recortada, espolvoreada, reproducida y suministrada bajo la espada de Damocles de la opinión, provocó un terremoto 7.5 en las redes. El de casi siempre. Ruido, ruido y más ruido. Después, una ola de desaprobación, rechazo y condena. Un juicio paralelo, popular y donde no existió presunción de inocencia. Para qué escuchar la pregunta y la respuesta, pudiendo pegarle palos a alguien por decir algo que no dijo, o por insinuar algo que no insinuó. La respuesta de Koke fue, literalmente, la siguiente: “Todas las opiniones son respetables. Respeto mucho la de Raúl García. Yo soy jugador del Atlético de Madrid y todo lo que sea hacer crecer al club, tanto en imagen como en representación, es muy importante. Nos ha tocado el torneo así, es así y hay que jugar donde nos toque. Siempre ayudar y pensar que tenemos una semifinal y una final y no pensar dónde jugamos. Seguro que todos los aficionados del Atlético de Madrid nos van a apoyar. Tanto en España como fuera de España. Y todo lo que sea crecer como club nos va a venir bien”. Unas palabras que no merecen un aplauso, ni una condecoración, pero que encajan, como un guante, en el discurso que debe tener un representante oficial de un club oficial en un torneo oficial. Palabras que se ajustan a la realidad global de un empleado, mejor dicho, un excepcional empleado, de un club con más de cien años de historia.
Suficiente para que las redes sociales, camufladas de perfiles anónimos con alma de inquisidores, se echasen al monte para linchar a Koke por algo que supuestamente había dicho, pero que jamás dijo. A Koke le tiraron en la cara que no le importan nada los derechos humanos, pero Koke no habló de derechos humanos, porque nadie le preguntó. A Koke le arrojaron basura en su capitanía insinuando que prefiere el dinero a los valores, pero Koke no habló de dinero en su alocución, sino de la imagen del club, que salvo mejor opinión de cualquier aficionado, necesita expandirse y globalizarse, porque si el Atleti es un sentimiento, no se le pueden poner puertas al campo ni fronteras a los atléticos. A Koke le pusieron a parir porque sus palabras alentaban jugar fuera de España, pero a Koke nadie le preguntó si prefería jugar en Arabia, si le gusta ese país, si apoya o no la falta de libertad de ese país o si le habría gustado más jugar en Sri Lanka o Noruega, porque para un profesional lo importante no es dónde se juega, sino ganar allí donde se juegue. A Koke le tirotearon por disentir de la opinión de Raúl García - que es la que uno comparte, por cierto-, pero en todo momento respetó el sentir de un ex compañero de armas y un tipo con el que mantiene una relación de la que nadie tiene derecho a opinar desde el más profundo desconocimiento.
A Koke le arrojan porquería gratuita porque se ha atrevido a contar el lado menos soleado de la realidad, ese que subraya siempre Simeone: que la obligación de los jugadores del club es defender los intereses de la entidad y representar lo mejor posible el escudo, allí donde haga falta, allí donde se les diga, en el sitio, día y hora que toque, porque les pagan para eso. A Koke le están juzgando por decir todo aquello que no dijo y defender todo aquello que no defendió, porque los prejuicios y la insana costumbre de ofenderse por cosas que no deberían ofender a nadie te hacen pasar de monja a puta en un santiamén, a ritmo de Trending Topic. Ya se sabe: lo que dice Pepe de Juan dice más de Pepe que de Juan. A Koke se le está linchando sin motivo y se le está acusando de ser un mal capitán cuando eso no es verdad, porque aunque no todo el mundo puede ser Gabi, la realidad es que este señor es un referente para ese vestuario, alguien que espolea a los jóvenes, que complementa a los veteranos, que enseña a los recién llegados que significa ser del Atleti y que no baja los brazos jamás, ni siquiera en mitad de la tormenta. A Koke se le están dando lecciones de qué significa ser del Atlético de Madrid cuando Koke es el Atlético de Madrid.
Rubén Uría




