La revolución táctica le sienta bien a Messi

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Valverde convierte la necesidad de sustituir al lesionado Semedo en virtud y se inventa un 3-5-2 que enaltece a Messi y anula al Levante.


EDITORIAL

Amagó Ernesto Valverde con la defensa de tres, empujado por las molestias de Nélson Semedo a su llegada al Ciutat de Valencia y cumplió con la improvisada revolución en un once inicial sin el portugués pero con Thomas Vermaelen, que formó junto a Gerard Piqué y Clément Lenglet, adelantando a Jordi Alba, que ante el Levante trabajó como un centrocampista más y descolgó en ocasiones a Arturo Vidal como extremo izquierdo. Este planteamiento sorprendió al cuadro valenciano y también a Ousmane Dembélé, que sin lateral diestro tuvo que multiplicarse para realizar las coberturas en el carril derecho y no tardó en ser amonestado.

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Pero el francés estuvo bien en un partido tan exigente como la visita al Levante a pesar de que en el tramo inicial apenas Leo Messi y Thomas Vermaelen consiguieron asustar a Oier Olazábal, que incluso le rechazó al rosarino un balón a la escuadra tras un lanzamiento de falta a la media hora. Fue el primer remate a puerta del cuadro barcelonista, inicialmente incapaz de traducir el control en peligro mientras veía como Enis Bardhi enviaba el balón al larguero. Fue Messi, como no, quien dio la razón a la revolución táctica de su entrenador cuando desapareció el efecto sorpresa tras una recuperación de Ivan Rakitic en la frontal del área rival. El rosarino barrió a toda la defensa antes de servirle un pase casi imposible a Luis Suárez, que remató a bocajarro para establecer el 0 a 1.

Es habitual que puntualmente el Barcelona regrese al 3-4-3, en la variante del 3-5-2 que empleó Valverde con Dembélé como multiusos por la derecha y Messi libre, en algún momento durante la temporada. Suele suceder en momentos de duda y otorga confianza al equipo, capaz de poblar el centro del campo y de apoderarse del control del juego para que luego Messi aparezca donde es decisivo. Esa fue la ecuación que fraguó el 0 a 2 al filo del descanso tras un eslálom que el rosarino culminó con la pierna derecha. De alguna forma la revolución de Valverde fue más bien una involución, un regreso al origen que llena de crédito al entrenador y al equipo ante lo que viene. Por la complejidad táctica que exigía el partido, por la concentración exhibida en todo momento y por el buen tono de un once que no parecía circunstancial.

Porque Dembélé hacía las veces de lateral diestro sin balón mientras que Alba se desentendía de la defensa y Vidal podía irse al ataque sin miedo a desguarecer la retaguardia en el nuevo equilibrio dispuesto por Valverde, al servicio de los jugadores. En este ecosistema Messi se mostró particularmente cómodo, desligado de la construcción a pesar de la ausencia de Arthur Melo, y apenas empleó un minuto del segundo tiempo para establecer el 0 a 3, esta vez con la diestra. El rosarino todavía tendría tiempo de apuntarse el cuadrigésimo noveno hat-trick de su carrera al finalizar una contra de Luis Suárez y luego Gerard Piqué certificaría el 0 a 5 definitivo que mantiene al Barcelona en lo alto de la clasificación hasta 2019 y sirve para recuperar la solidez perdida. Esta revolución tiene muy buena pinta.

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