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Zinedine Zidane Real Madrid VillarrealGetty Images

Las razones del Real Madrid para no fichar en enero


ANÁLISIS


Al cierre del pasado mercado de verano, quedó definitivamente confirmado que las ventanas de fichajes hoy en día nada tienen que ver con las de hace algunos años. Y no sólo por Neymar, el traspaso más caro de todos los tiempos. Sino, en general, por el gasto desorbitado en casi todas las partes del mundo, entre otras ‘mutaciones’. Y esto se ha extendido no sólo al mercado estival, sino también al invernal. Pues este mes de enero se está moviendo mucho dinero y también jugadores de los mejores del mundo: Coutinho, Aubameyang, Alexis Sánchez, Theo Walcott, Henrikh Mkhitaryan, Diego Costa, Vitolo, Laporte, Iñigo Martínez… Hay oferta y hay demanda. Hay mercado, en definitiva. Lejos de ser algo meramente anecdótico, o para clubes de talla media, también hay mercado invernal entre los grandes clubes y las grandes estrellas.

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De ahí que todavía llame más la atención que el Real Madrid no se haya movido en el presente mercado invernal. Y Florentino siempre fue reticente al mes de enero. No es, ni mucho menos, el ambiente predilecto donde mejor se mueve, entre retales, urgencias y demandas desorbitadas. Pero incluso la directiva blanca estaba dispuesta a reforzarse este invierno con la llegada, al menos, de Kepa Arrizabalaga. Sin embargo, no llegará nadie pese a que parecía evidente que el equipo blanco necesitaba un revulsivo de alguna manera. Ni siquiera tras el tropiezo monumental ante el Leganés. Ni siquiera el portero vasco, que llegó a estar en tierras madrileñas en manos de los galenos merengues, según diversos medios de comunicación.

¿Y por qué? Es lo que se pregunta a día de hoy el madridismo. Pues, básicamente, porque Zidane no quería a nadie. Tan fácil como eso. Y tan complejo a su vez. El  técnico sabe lo que hay en el mercado. Ha visualizado ya el escaparate de la frutería, de la verdulería, de la carnicería y de la pescadería. Y no cree que haya ningún producto mejor que lo que ya tiene en su cocina. Quizás otro entrenador hubiera preferido hacer crecer su despensa. Quizás también con otro entrenador o con otra plantilla, Florentino hubiese decidido acometer cualquier fichaje si lo considerase necesario. Pero no con Zidane de por medio, su predilección desde que llegó al club en el año 2000, primero como jugador, luego en diversos departamentos, y ahora como entrenador, conquistando dos Champions League en dos años (y ocho títulos en total). La palabra de Zidane no es como la de cualquier otro. Todos lo saben y lo asumen así.

Y la palabra del técnico galo construye oraciones que apuntan a no tocar el actual grupo. La base del bicampeón de Europa, nada menos. Porque no hay nada mejor fuera de los muros de Valdebebas, como decíamos, y a su vez, porque tiene confianza plena en su actual plantilla. Pese a los malos resultados hasta el momento. Confía en que se reviertan más pronto que tarde, y cree que estos mismos jugadores son capaces de ello sin acicates externos. Incluso, aquellos que han jugado menos. Porque si han jugado menos, más allá de que puedan tener menos experiencia que los que se fueron en verano, es también porque los resultados no han acompañado. Y ello implica que, primero, Zidane no ha querido sacar a nadie del teórico once de gala para no dejar a ningún jugador señalado, y segundo, que los nuevos deben entrar preferiblemente en condiciones favorables y no en mitad de una mala racha. Seguramente, inmersos en una racha positiva, la participación de la segunda unidad hubiera sido mucho mayor.

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En muchos aspectos, Zidane todavía tiene bien presente la mentalidad del jugador. De ahí muchas explicaciones a sus maneras como técnico. Él fue jugador. Uno de los mejores. Y conoce el Real Madrid y su vestuario a la perfección. Es un ambiente peculiar, con una presión extraordinaria. No todos los jugadores garantizan un rendimiento inmediato. No todos los jugadores son igualmente bien acogidos en ese grupo. Y por si no fueran pocos condicionantes, hay también que hilar muy fino para que el jugador que ya está en nómina no pierda la motivación cuando entra uno nuevo a mitad de curso para ocupar su lugar. Condicionantes exportables a cualquier oficio y empresa, por otro lado. Y si no encajan absolutamente todas esas condiciones -además de aquellas otras por la política de fichajes del club-, es bien probable que un fichaje entrañe más riesgos que soluciones a corto plazo. Aunque el pensamiento generalizado sea el contrario.

De hecho, en su carrera en el Real Madrid, todos los fichajes de invierno que ha vivido Zidane han traído más arena que cal al equipo. Cuando era jugador, el mismo Florentino Pérez fichó a Gravesen y Portillo en enero de 2005, y un año más tarde a Cassano y Cicinho. Cuatro jugadores con rendimiento nulo a la larga para los blancos. Y en los casos de Cassano y Gravesen, incluso perjudiciales para el clima del vestuario. 

Y ya como entrenador del Castilla, más recientemente, Zidane también vivió la llegada de Martin Odegaard al filial blanco. Un fichaje que generó suspicacias entre su grupo, por el trato ‘galáctico’ y preferencial que recibió -mediática, deportiva y salarialmente-. Algunos jugadores lo llegaron a verbalizar públicamente nada más aterrizar el noruego en la Ciudad Deportiva, pero la realidad es que más de uno lo estuvo pensando y sufriendo durante toda esa temporada hasta que cayó el telón. Y Zidane lo sabía. Aunque nada tiene que ver la presión, situación, objetivos, presupuestos y leitmotiv del filial con el primer equipo, pero no hay ejemplo más cercano de hasta dónde puede llegar la onda expansiva de un fichaje bomba a mitad del curso.

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Zidane lo tiene claro. Sabe lo que implica la llegada de un nuevo jugador para absolutamente todos los estamentos. Principalmente el económico, el clima del vestuario, o el rendimiento deportivo, y no sólo a efectos revulsivos, mediáticos y de presión social. Y si un refuerzo no garantiza cumplir con absolutamente todos los requerimientos, ¿por qué hacerlo entonces? Es la pregunta que lanzaba el galo.

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