La mala racha del Real Madrid de Lopetegui no tiene fin

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Denis Doyle/Getty Images
El Levante ganaba 0-2 al cuarto de hora. Dos goles anulados y dos palos contra la remontada blanca. El técnico, en el ojo del huracán

OPINIÓN

El Real Madrid monta un circo y le crecen los enanos. Y en el cartel de la entrada a la carpa todavía podría anunciar equilibristas, malabaristas, forzudos e incluso ilusionistas. Pero luego, en cada una de sus funciones por toda la geografía española y europea, no se ven más que enanos. Sin ir más lejos, Varane, todo un gigantón que quedó reducido a los seis minutos del partido ante el Levante. Un fallo impropio de su talla le dio el 0-1 en bandeja a Morales para los granotas. Y a partir de ahí, la cascada de “infortunios” –como lo llamaba Lopetegui- no tuvo fin. Porque seis minutos después, y tras consulta con el VAR, un penalti por manos de Varane le dio el 0-2 a Roger desde los once metros. Y cuatro minutos después, de nuevo tras consulta con el VAR, los blancos veían cómo les anulaban por fuera de juego un gol de Asensio que hubiera sido una vida extra. En estas dos ocasiones, la decisión arbitral primero sonreía a los locales, para poco después quitarles la piruleta de la boca. Ley de Murphy de tintes circenses. Y el caso es que tras cuarto de hora, la montaña rusa que estaba siendo el partido siempre dejaba al Real Madrid boca abajo. 

Es cierto también que la defensa y el sistema defensivo del equipo de Lopetegui era un coladero. Que el Levante jugó muy bien sus bazas. Y que el arranque de orgullo le duró poco a los blancos, que tuvieron que escuchar hasta en tres ocasiones antes del descanso cómo su público le silbaba por no correr al contraataque o no disparar en ocasiones francas para ello. El partido estaba para once héroes en busca de la remontada histórica, y por momentos sólo se veían once chicos como un flan incapaces de soportar el peso de un escudo legendario. Y cuando sacaban tímidamente la cabeza, volvían a hundirse. Oier, que en este mismo estadio se había llevado nueve  goles en noventa minutos no hace tanto, se erigía antes del descanso en un coloso bajo palos, sacando goles cantados a Mariano, a Ramos, a Casemiro y, sobre todo, a Lucas Vázquez. Y a donde no llegaba el cancerbero, lo hacía su travesaño, que escupió un testarazo de Mariano que iba cargado con toda la furia del Santiago Bernabéu. Ni por ésas.

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Al descanso, Lopetegui agitó su arsenal. Tenía que hacerlo, porque se le acababa el tiempo. En el sentido más crudo y literal de la expresión. De ahí que sacara a Bale, Benzema y Ceballos para jugar durante media hora con dos delanteros y dos extremos en la banda diestra. Era un todo o nada. Y sin Kroos, por cierto. 

Fue llegado el minuto 68 cuando Gareth Bale agitó a las masas de un resignado Bernabéu que algo pareció cambiar en el partido. Porque apenas tres minutos después marcaba Marcelo a pase de un Benzema que jugó desde la izquierda. Dentro del área, con la derecha y con el graderío con el corazón en un puño. Oier, que ya le había sacado una manopla milagrosa a Bale en una falta, no pudo hacer nada esta vez. Atrás quedaban 481 minutos (más de ocho horas) de sequía goleadora. Y por delante un partido a cara o cruz. De ida y vuelta. Como le gustan al madridismo. Como mejor se le ha dado siempre al Real Madrid del miedo escénico.

Benzema avisó chutando al palo –el segundo de la mañana para los blancos-. Y Marcelo probó con un tiro fuerte que se marchó alto tras buena dejada de Ceballos. El Real Madrid había recuperado definitivamente el tono del partido, y en ataque sólo existían los de blancos sobre el verde. Mariano llevó el éxtasis a la grada a tres minutos del final, pero su gol fue anulado por fuera de juego dejando al madridismo compuesto y sin fin a la malísima racha. No le sale nada a este Madrid. Y es difícil de identificar el porqué. Por eso precisamente, quizás haya llegado el momento de cambiar algo más.

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