La decisión después de “La decisión”

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Ruben Uria Blog

Antoine Griezmann decidió salir del Atlético de Madrid. Y desde entonces, un sinfín de incógnitas se ciernen sobre su futuro. El club le instó a aclararse y el futbolista accedió. Ambos ganan tiempo. El Atleti, para rearmarse en el mercado. El jugador, para poner sus reales en nuevos desafíos. Todo, de manera cordial. Sin tensión, porque la reunión del adiós estuvo marcada por la extraordinaria relación entre Simeone y Griezmann, que más allá de ser profesionales, son amigos. Total, que Antoine deja su futuro en el aire durante 40 días – que igual acaban siendo demasiados-, y el Atleti explora nuevos horizontes para reinventarse con un buen montón de dinero para gastar. La cuestión es ¿qué decisión viene después de “La decisión?” Primero fue el PSG el que negó interés en el galo. Luego se sumó el City, por boca de Guardiola. Y aunque soterrada amenaza de la leyenda “paga-cláusulas” de Florentino está presente, todos los focos apuntan al Barça. Y ahí todo cobra una dimensión desconocida. Después de semanas de ruido, informaciones, artículos de opinión y portadas sobre Antoine, ahora reina un silencio sepulcral sobre el asunto. Algo debe suceder para que, después del anuncio de su marcha, la prensa deportiva de Barcelona haya pasado del ruido más ensordecedor al silencio más absoluto. Algo huele a podrido en Dinamarca cuando se ha pasado de afirmar que existe consenso a aplicar un “silenzio stampa” sospechoso. Algo no cuadra cuando en esta partida todos tenían las cartas boca arriba y días después, de repente, se empeñan en esconderlas.

Hay más cuestiones que invitan a comprender que las piezas del puzle no encajan: ¿Qué empuja a un club que fue ridiculizado mundialmente por televisión para volver a apostar quien le rechazó? Antoine, siendo un top-ten mundial, no parece una prioridad deportiva. Quizá tenga más que ver su precio que su calidad. O quizá pese más el ego del palco que sus condiciones. En todo caso, si el Barça decide adquirir a Antoine, compra un producto con contraindicaciones: en primer lugar, gran parte de la hinchada culé no le perdona el agravio del pasado verano; en segundo, no existe un consenso total entre la directiva para quien arañó la imagen del club; y tercero, su llegada no sería plato de buen gusto para parte de un vestuario que el curso pasado le quiso recibir con los brazos abiertos y que, este verano, no se siente precisamente entusiasmado con la idea. Si Antoine está apalabrado por el Barça – no firmado porque tiene contrato en vigor hasta el 30 de junio y habría jaleo legal-, la pregunta del millón es: ¿Qué empresa contrataría a un nuevo empleado si varios de los que llevan años en esa misma empresa no son 100% partidarios de su incorporación? ¿y qué empresa se atrevería a tomar esa decisión teniendo en cuenta que sus empleados llevan años prestigiando y revalorizando la compañía?

Otro interrogante: ¿Qué pesa más, una decisión unilateral del jefe de una empresa que se debe a sus socios o la voluntad de un sector de los empleados cuyo trabajo hace buena o mala la imagen del jefe? Conclusión: la decisión después de “La decisión” no va a ser sencilla. Amén del futuro de Valverde, vinculado al desenlace de la final de Copa, cabe preguntarse si el de Antoine acabará teniendo que ver con el resultado final de un partido que en el que él no jugará. ¿Acabará siendo Griezmann jugador del Barcelona? La respuesta tiene dos letras, pero la palabra es una sola.

Rubén Uría

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