OPINIÓN
Florentino Pérez se está acostumbrando a fichar de todo menos futbolistas. Firmó a un ‘vende camisetas’ llamado David Beckham, un ‘pre-jubilado de lujo’ apellidado Zidane, un chico que le ayudaría a construir carreteras en Colombia (James Rodríguez) y un galés cuya única virtud es correr mucho (Gareth Bale). Lo curioso es que no han dado mal rendimiento pese a ser intrusos en la profesión.
El caso de Bale es el que más llama la atención. No había aterrizado en España y algunos ya hablaban de fichaje innecesario. “¿Pero qué ha ganado este?”, se llegó a decir en un conocido programa de radio nocturno. “Yo no lo he visto en mi vida, no tengo otra cosa que hacer”, lanzó un periodista en otra emisora. Argumentos más que sólidos para criticar a un futbolista.
Bale llegó sin pretemporada y con problemas físicos. Le costó adaptase. Sus primeros meses no fueron fáciles. Incluso le detectaron una hernia que amenazaba con dejarle un buen tiempo en el dique seco. ¿Se lo detectó un médico? No. Fue un periódico. Porque en España pasan cosas así. Tenemos expertos en todos los temas. Lo de la honestidad ya es más complicado.
Pese a las complicaciones y ser todo menos un jugador de fútbol, Bale decidió una final de Copa del Rey con una acción memorable y marcó el 2-1 en la final de la Champions League. Imagínate de lo que sería capaz este chico si hubiera decidido ser futbolista…
Sin embargo, haber tenido un mal inicio en la presente temporada le ha servido para volver a estar en el ojo del huracán. Vuelven los que dicen que no sabe jugar y los que te intentan convencer que su única virtud es la velocidad. Esos mismos que permiten que otros lleven meses arrastrándose por los campos de media Europa. España, como decía antes. Un país para comérselo. A lágrimas.
Así todo, Bale se plantó con su selección en Israel y firmó un encuentro espectacular. Dos goles, una asistencia y grandes acciones individuales para guiar a Gales hacia un sueño -la clasificación para la Eurocopa 2016- que parecía imposible. Debe ser un suicidio poner las esperanzas de todo un país en las manos de un chaval que no vale para el fútbol. Pero, oye, no les va mal.
En unas horas regresará a España, a la cruda realidad. Los que sí saben de fútbol le dirán a Bale lo que debe o no hacer sobre un terreno de juego. Eligieron ser periodistas -algunos-, pero quizá su sitio estaba sobre un terreno de juego y no se dieron cuenta. Lo que no saben es que el ex del Tottenham es el futuro del Real Madrid. Larga vida al ‘tuercebotas' de Cardiff.

