Podrá quedarse en Barcelona. Podrá volver a formar una dupla de oro con Pep Guardiola o correr hacia el ambicioso proyecto del PSG. Da igual. Lionel Messi se volvió tan grande que formó su propio club de adoradores. Y, aunque el equipo catalán siempre pareció de la mano con el paladar de juego del argentino, este equipo -FC Messi- está listo para dar vuelta la página y seguir adelante. Porque lo único necesario de este club es el 10. Nada más. Y nada menos.
La directiva del Barcelona podrá resaltar la frase que suele repetirse una y otra vez: "El club está por encima de todos, jugadores, dirigentes, entrenadores e incluso afición". Y es verdad. Instituciones como el Barcelona tienen muchos años atrás, demasiada historia encima, excesiva gloria acumulada como para depender de un nombre. Pero esa filosofía, esa ambigüedad, quedará para los catalanes. Y habrá también una porción de hinchas alrededor del mundo con los sentimientos divididos.
Pero una gran mayoría no duda. A la masa del fútbol no le caben ideas encontradas. Barcelona tiene millones de aficionados simpatizantes de su estilo, de su forma de intentar jugar al fútbol, de los grandes equipos que formó...pero es un maquillaje de la realidad.
La realidad es que un jugador se volvió tan grande que formó su propio club de adoradores. Es un grupo no muy chico que vive enamorado de un 10. Es un mar de fieles conquistados por un concepto que no cambió con los años, que no se manchó: siempre jugar, siempre intentar ganar, siempre querer ser el mejor. Siempre guiados por una zurda que rompió récords, ganó títulos y, principalmente, conquistó el campo de la imaginación...y los sueños.
Todos ellos son del Fútbol Club Messi. Y no del Fútbol Club Barcelona. Por eso, aunque hay una idea romántica del equipo catalán, el Fútbol Club Messi puede cambiar de ciudad, puede modificar sus colores, puede probarse otra camiseta. Porque el único requisito de este club es Messi. Y el resto, pese al doloroso paso del tiempo, a la espina de los fracasos y a la impotencia de lo mal hecho, es lo de menos.

