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Sevilla Manchester United Europa LeagueGetty Images

El Sevilla se hace gigante en el manicomio de Nervión

Los casi 40.000 sevillistas que llenaron hasta la bandera el Ramón Sánchez-Pizjuán vivieron 2 horas de enajenación mental transitoria. Pocas veces había rugido el templo de Nervión como este 20 de abril. Nadie esperaba en la parroquia sevillista celebrar este aciago 2023 una noche como esta en un curso que olía a descenso y que en poco más de 7 días ha mutado. 

Como Ave Fénix, el Sevilla renació en Old Trafford hace siete días. Una semana después firmó la mejor exhibición del curso para mandar a la lona a uno de los clubes más poderosos del mundo llevado en volandas por su grada pero a base de fútbol, calidad, talento, físico y tener claro que el partido pasaba en morir en cada pelota. 

Mucho se ha hablado de la magia del Sevilla en la Europa League pero lo de esta noche de abril no fue ni suerte, ni flor, ni nada que tenga que ver con la herbología. Más allá de que no a pocos sevillistas no le faltarían ganas de invitar a Maguire a algún rebujito a partir del sábado en la Feria que está a punto de comenzar. 

Sabía Mendilibar que no podía dar espacio al United y le tendió mil trampas para irle sacando del partido. La primera era la que se olía desde la previa, sin Varane y Lisandro, la pareja de centrales formada por Maguire y Lindelof iba a equivocarse. Lamela le puso fe y En Nesyri la pólvora cuando el partido aún acababa de nacer.

 Los 'Red Devils' tenían probemas para salir con comodidad y cuando lo hacían se encontraban con la maraña tejida por el veterano técnico vasco. Acuña y Lamela secaron a Antony, los visitantes se desesperaban y el Sevilla esperaba agazapado para volver a hincar el diente a su rival pero el 2-0, un golazo de Ocampos, fue anulado al filo del descanso por un ajustadísimo fuera de juego de Acuña. 

El receso ofrecía oxígeno a Ten Hag, que no esperó a que volviera rodar el balón para sacar lo mejor que tenía en el banquillo. Reforzó la defensa con Shaw y metió arriba a Weghorst y a Rashford. Sin embargo, el que volvió a golpear fue el Sevilla gracias a un córner que sacó Rakitic y que Badé mandó a la red en un precioso remate. 

La grada vibraba y soñaba pero sabía, quizás mejor que nadie, que no se puede dar nunca por muerto al rival. Apretó los dientes el Sevilla, Casemiro tuvo el 2-1 pero se encontró con Bono y En Nesyri sentenció la contienda aprovechando un error impropio aunque otro más en su carrera de De Gea. Para entonces, la fiesta ya era total en el manicomio en el que se habían convertido las gradas, donde los abuelos volvían pellizcarse y los vecinos de localidad se abrazaban como hermanos a completos desconocidos. El rey se resiste a ser emérito y ya le espera la Juventus en semifinales. 

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