El fútbol depende cada vez más del capital. Destacan los inversores de capital riesgo. La compra de clubes como el AC Milan, el Chelsea y el Olympique de Lyon muestra que ven al fútbol como un mercado atractivo y en crecimiento. En el boletín Cleats & Cashflows analizamos esta tendencia: ¿qué oportunidades y riesgos trae esta inyección de capital?
Este capítulo, el tercero de nuestra miniserie sobre Milán, deja de lado la reconstrucción del AC Milan para analizar al otro gigante de la ciudad: el Inter. Mientras el Milan se estabilizó con Elliott y creció con RedBird, el Inter vivió una historia distinta: propietarios ambiciosos, éxitos deportivos y una estructura financiera insostenible.
Cuando Oaktree asumió el control en 2024, lo deportivo funcionaba: con Suning el club había ganado títulos, liderado la Serie A y brillado en la Champions. Pero las finanzas eran otro asunto. El desafío de Oaktree no es deportivo, sino convertir un club con elevada deuda y dependencia de liquidez externa en un modelo sostenible.
Esta tercera entrega se divide en cuatro posts; este es el primero. ¡Que lo disfrutes!
Introducción: del crecimiento al control
El 22 de mayo de 2024, el club pasó oficialmente a manos de Oaktree Capital Management, siguiendo los pasos de su vecino, el AC Milan, que había cambiado de dueño unos años antes. Más allá de las comparaciones deportivas, la similitud más notable estaba en la sala de juntas: el Milan había sido adquirido en 2019 y reestructurado con éxito por Elliott Management, y el Inter iniciaba ahora un camino parecido.
No hubo subasta, rueda de prensa ni inversor salvador: solo un préstamo impagable.
Suning, que en 2016 había comprado el 68,55 % del club a Massimo Moratti y Erick Thohir por 270 millones, solicitó 275 millones a Oaktree en 2021 con un interés del 12 %. Con intereses compuestos y prórrogas, la deuda creció hasta unos 395 millones de euros en 2024.
Al no poder devolverlo, se activó un “evento de crédito”.
Como resultado, el club pasó a manos de Oaktree, un inversor crediticio estadounidense que entonces gestionaba más de 192 000 millones de dólares. De pronto, el fondo se convirtió en propietario de uno de los clubes más prestigiosos de Europa.
Este caso muestra cómo financiar ambiciones deportivas con deuda puede llevar a perder la propiedad. Las compras del Inter por Oaktree y del Milan por Elliott ilustran cómo los inversores buscan rentabilizar activos enapuros en el fútbol.
Antes de Suning, el club ya arrastraba una herencia frágil.
Cuando Suning adquirió el control del Inter en junio de 2016, el club llevaba años con problemas deportivos y financieros. Entre 1995 y 2013, la familia Moratti dirigió el club y cubrió sus constantes pérdidas con inyecciones de capital. El punto más alto fue el triplete de la temporada 2009/10 bajo José Mourinho, pero ese éxito aumentó aún más el déficit operativo.
Tras resultados decepcionantes y presión financiera, el empresario indonesio Erick Thohir tomó el control en 2013 al comprar el 70 % del club por unos 250 millones de euros, valorándolo en unos 350 millones. Su llegada fue recibida con optimismo por los aficionados, que veían agotada la era Moratti en lo financiero y lo deportivo.
Bajo su gestión se impulsó la profesionalización, la expansión comercial —especialmente en Asia— y la reestructuración de unos 180 millones de euros en deuda. Pese a una gestión más profesional, los resultados deportivos siguieron siendo irregulares.
Así, sentó bases organizativas y financieras para los futuros propietarios, aunque los problemas estructurales persistieron. En lo comercial, el club se quedó atrás frente a la élite europea y la brecha con la Juventus creció. En la 2015/16, los ingresos ordinarios (sin traspasos) llegaron a unos 180 millones de euros, menos de la mitad de los 388 millones de la Juventus. Además, el club se quedaba fuera de la Champions, no tenía estadio propio y carecía del impulso comercial de los grandes europeos. Su mayor activo era una marca global cuyo prestigio superaba su capacidad financiera.
Para mantener la competitividad pese a estas limitaciones, el club recurrió a estructuras financieras. En 2014 creó Inter Media & Communication, una entidad de propósito especial (SPV) que agrupaba derechos de medios, patrocinios, archivo histórico y propiedad intelectual. Luego vendió su marca a esta entidad por 139 millones de euros, lo que generó una ganancia contable no recurrente y convirtió una fuerte pérdida operativa en un beneficio de unos 33 millones.
Además, la SPV respaldó el posterior programa de bonos del club. Así se creó una estructura financiera que dominaría los años siguientes. Esta operación reflejaba un patrón claro: anticipar ingresos futuros para cubrir problemas presentes.
La reestructuración de 2014 sentó el modelo, replicado luego en emisiones de bonos a mayor escala.
Cuando Suning tomó el control, el club ya dependía del apoyo accionarial, la optimización contable y la anticipación de ingresos futuros. Aunque la deuda creció bajo su gestión, esa dependencia previa ya existía.
La apuesta de Suning.
La era de Erick Thohir terminó el 6 de junio de 2016 cuando Suning Holdings, liderada por Zhang Jindong, compró el 68,6 % del Inter por unos 270 millones de euros, valorando el club en unos 390 millones. Ocho años después, al perder Suning el control, esa participación figuraba en los libros por solo 148 millones.
Entre ambas valoraciones se esconde la paradoja de la era Suning: invirtieron cientos de millones, devolvieron al club a la cima de Italia e incluso alcanzaron una final de la Liga de Campeones, pero dejaron la estructura financiera cada vez más vulnerable e insostenible.
Desde el principio, su estrategia fue clara: devolver al Inter a la cima nacional y europea mediante fuertes inversiones en la plantilla.
En el campo, la táctica funcionó al principio: en 2019 llegó Antonio Conte como entrenador, segundo en su primera temporada y, en 2020/21, el primer Scudetto desde la era Mourinho. El equipo se construyó en poco tiempo con fichajes de lujo como Romelu Lukaku, Achraf Hakimi, Christian Eriksen y Arturo Vidal, símbolos de una política centrada en los resultados deportivos inmediatos y no en una reconstrucción financiera gradual.
Las cifras reflejan ese desequilibrio: entre 2016 y 2021 los ingresos subieron de 241 a 354 millones de euros (un 50 %), pero los salarios pasaron de 124 a 262 millones (más del 110 %).
Como consecuencia, la relación entre gastos de personal y facturación se deterioró: entre 2020 y 2022 los costes salariales representaron el 91,4 %, el 103,9 % y el 95,4 % de los ingresos, muy por encima del umbral de sostenibilidad del 70 % marcado por la UEFA.
La conclusión era clara: el Inter no era financieramente sostenible. Construyó una plantilla para competir de forma estructural en la Liga de Campeones, pero sus ingresos no podían sostener ese modelo a largo plazo.
Tres dinámicas estructurales
El impacto de la COVID-19
Durante las temporadas 2019/20 y 2020/21 dejó de percibir unos 121 millones de euros: 83 millones de taquilla, 20 millones de actividades comerciales y 18 millones de derechos de retransmisión.
La pandemia no provocó la crisis, pero sí la aceleró. Al cierre de la 2020/21, las pérdidas superaban los 450 millones y los salarios representaban casi tres cuartas partes de los ingresos. El modelo se sostenía con dos pilares: jugar la Champions y llenar el estadio. La pandemia hizo ambas cosas inviables.
La desaparición de la red de patrocinadores chinos
En el apogeo de la era Suning, el Inter generó en 2018/19 unos 160 millones de euros en ingresos comerciales, de los cuales unos 97 millones provenían de patrocinios chinos vinculados, directa o indirectamente, a empresas de la red Suning.
Sin embargo, esa fuente de ingresos resultó menos sólida de lo esperado. Los ingresos comerciales cayeron de unos 160 millones de euros en la temporada 2018/19 a unos 105 millones un año después y, desde entonces, oscilaron entre 95 y 120 millones.
No era un problema exclusivo del Inter, sino parte de la retirada del capital chino del fútbol internacional, la misma tendencia que había cuestionado la propiedad de Li Yonghong en el AC Milan.
En 2022/23 llegaron más problemas: DigitalBits incumplió su patrocinio de 85 millones de euros, lo que llevó al Inter a cerrar un acuerdo temporal con Paramount+ por unos 11 millones. Además, el club tuvo que amortizar 61 millones de cuentas por cobrar de patrocinios chinos.
Dependencia de las ventas de jugadores
Durante la era Suning, la rentabilidad del club dependió cada vez más de los ingresos por traspasos, al no lograr beneficios operativos estructurales.
Un buen ejemplo es la temporada 2021/22, cuando el club ganó unos 105 millones por traspasos, pero registró pérdidas operativas de 202 millones. La venta de Romelu Lukaku al Chelsea aportó unos 67 millones de euros, la de Achraf Hakimi al París Saint-Germain unos 34 millones y la de André Onana al Manchester United alrededor de 42 millones.
Un puñado de operaciones millonarias compensó de forma puntual los persistentes déficits operativos.
