El fútbol chileno ha pasado por muchos años de peleas innecesarias en las graderías, disputas por lienzos fuera de la cancha y una odiosidad que en nada aporta a lo lindo del fútbol.
Por eso es que las nuevas generaciones son las encargadas de extirpar el cáncer que significa la violencia entre barras del equipo rival.
Ejemplo de esto lo dieron dos niños en el Superclásico de la final de Copa Chile, donde corrieron por gran parte del sector para darse un abrazo de camaradería.
Ese es el fútbol que todos queremos.
