El día de la Marmota: Argentina juega siempre el mismo partido

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Argentina comienza mejor que su rival. Domina la pelota, genera situaciones desde el comienzo y antes de la media hora del primer tiempo se pone en ventaja. Con el resultado a su favor, el conjunto de Lionel Scaloni repliega y espera a ver qué tiene para ofrecer el contrincante. Ya en los minutos finales de la etapa inicial, ajusta las tuercas y vuelve a llegar peligro. Quizás, incluso, anota algún otro gol que el VAR anula con un fallo que no termina de sonar inobjetable. 

Pasa el entretiempo y el equipo sale a jugar el complemento algo entumecido. La pelota es del contrario, la Albiceleste juega en su campo y muy cada tanto tiene algún contragolpe que no termina en nada. Desde el banco, el entrenador hace un cambio que no modifica en absoluto en trámite del juego. El reloj avanza y el rival acrecienta su dominio territorial: según cómo haga pesar su jerarquía indiviual o colectiva, genera más o menos peligro e, incluso, hasta puede convertir un tanto. El DT vuelve a mover el banco, pero el mapa del partido ya parece estar escrito. Si Lionel Messi no se inspira, el combinado nacional no vuelve a molestar al arquero rival. El tiempo se consume con algún que otro sobresalto. El árbitro pita el final. Si del otro lado no marcaron, hay festejo con aires de alivio. Si fue empate, queda sabor a poco. Pasan algunos días, llega un nuevo compromiso. Y la historia vuelve a empezar.

Argentina vive su propio Día de la Marmota, en versión futbolera: cada partido es el mismo que el anterior, sólo que con otros colores en la camiseta de enfrente. El técnico cambia de nombres de manera masiva entre los partidos, pero el equipo no sale de su bucle. Hasta ahora, la película no llegó a convertirse en un drama: con el triunfo 1-0 sobre Paraguay en su tercera presentación en la Copa América, la Albiceleste se aseguró su lugar en los cuartos de final con una fecha de anticipación y quedó muy cerca de garantizarse el primer o segundo puesto del Grupo A, lo que le permitiría evitar a Brasil hasta una hipotética final. Sin embargo, nada de lo que se vio hasta ahora alcanza para vaticinar un final feliz.

Contra la Albirroja, Scaloni apostó por la vieja guardia y la decisión rindió dividendos a medias: Ángel Di María jugó su mejor partido con la celeste y blanca desde la eliminación contra Francia en Rusia 2018, mientras que Sergio Agüero se mostró tan sacrificado como lejos de su mejor versión. Messi, el que quiere estar siempre, por momentos evidenció que necesita ese descanso que el cuerpo técnico quiso darle pero finalmente no. La ventaja en el resultado esta vez llegó desde los pies del Papu Gómez, uno que no había tenido minutos en todo el certamen continental y ahora pide pista. Tal vez esa sea uno de los grandes méritos de este equipo: los que tienen su chance de entrada suelen aprovecharla.

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La cuestión a futuro pasa por empezar a encontrar una salida a este loop peligroso. Y en el análisis más focalizado parece estar la respuesta: dentro de la pintura tan similar entre todos los partidos hay matices que empiezan a quedar claros. Después de muchas pruebas en las bandas, Nahuel Molina Lucero parece haber hecho los méritos suficientes para quedarse con el lateral derecho, mientras que Nicolás Tagliafico volvió a mostrar que hoy no puede aportarle al equipo lo mismo que le da Marcos Acuña en la izquierda. Cuti Romero, aún después de su actuación más floja en los cuatro partidos que jugó, se sigue erigiendo como el líder de la defensa. Guido Rodríguez parece estar más asentado como mediocentro defensivo que un Leandro Paredes a quien su temperamento vuelve a jugarle malas pasadas.

Además, desde su ausencia, Rodrigo De Paul dejó clarísimo por qué para el DT es insustituible. Y el gran debe, en tanto, sigue estando en el ataque: el Kun se sintió tan aislado como Lautaro Martínez y tampoco pudo aprovechar una situación de gol clarísima.

En definitiva, después de muchos cambios y muchas pruebas, las certezas parecen estar escondidas dentro de esta película repetida. Si Argentina sale de su Día de la Marmota, tiene con qué animarse a soñar.