Habrá tiempo y espacio para hablar del horrible partido de Atlético Nacional, especialmente en el primer tiempo, pues el título no opaca esa pobre actuación, pero ahora es el tiempo y el espacio para Tomás Ángel.
Entró y marcó dos goles que dejaron al Verde con vida, peleando la final ante un Pereira superior que con un gran partido en todas sus líneas y tremenda efectividad, llevó al local al borde del abismo. Pero apareció el Ángel, del equipo y de Autuori, para su bautizo de gol en el Atanasio Girardot, en un contexto exigente y complicado.
El Tomás Ángel que muchas veces y según las versiones oficiales, por decisiones técnicas de cada uno de los entrenadores que ha tenido en el equipo, no aparecía, no jugaba, no concentraba. El Tomás que, en silencio, seguía trabajando, incluso "sacrificado" como extremo ahora con Autuori, intentando lograr un lugar en el once.
Hoy, ante más de 30 mil espectadores y en una final que le dio el título 32 al equipo las grande de Colombia, apareció Tomás para desenredar, marcar y liberar los gritos ahogados de gol que seguramente tenía desde meses atrás.
Ahora viene lo más difícil: sostenerse, consolidarse. Seguir demostrando que merece más oportunidades y con sus particularidades y características, escribir su propia historia en un club donde su padre tiene un legado gigantesco. De ahí sus lágrimas al final, porque sabe que esto apenas empieza, pero empezó más que bien.



