El Barcelona juega con fuego pero aún no se quema

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Valverde limita las rotaciones ante el Rayo Vallecano y aun así el cuadro azulgrana se ve obligado a remontar antes de la Champions League.


EDITORIAL

Es evidente que cuando Ernesto Valverde dice que "nos puede pasar lo mismo que al Real Madrid" es porque se lo cree. Ni siquiera la ventaja en la Liga y la experiencia de la temporada pasada en la Champions League evitaron que el técnico azulgrana redujera las rotaciones a la mínima expresión como hizo frente al Rayo Vallecano, donde apenas dejó en el banquillo a Ivan Rakitic, Ousmane Dembélé y Sergi Roberto. Y a pesar de salir con prácticamente toda la artillería pesada ante un equipo en zona de descenso el Barcelona tuvo que remontar, como ha sucedido en 16 de los 42 partidos que ha jugado esta temporada.

Porque el marcador lo abrió Raúl De Tomás en el primer remate a puerta de su equipo, un formidable derechazo desde la frontal que alcanzó el fondo de la red de Marc-André Ter Stegen. El Barcelona, hasta entonces paciente y tocador, empezó a irse cada vez más al ataque pero el Rayo, bien colocado, supo negarle el gol al Barcelona. No tanto las ocasiones, pues Messi anduvo cerca del empate pero no logró conectar el centro de Luis Suárez por centímetros. Sin embargo, el rosarino sería decisivo cuando, a falta de cinco minutos para el descanso, sirvió una falta desde la izquierda para que Gerard Piqué marcara el empate de cabeza.

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A fin de cuentas, es un recurso más a pesar de que el Barcelona viva subido a la espalda de Messi, cuyos goles no fueron necesarios en el Santiago Bernabéu por primera vez en 2019. El rosarino, de hecho, tuvo que aparecer para asegurar la victoria en el segundo tiempo y transformar un resbalón de Nélson Semedo dentro del área rayista que el árbitro, Mateu Lahoz, convirtió incomprensiblemente en penalti, para poner el 2 a 1 y poco más tarde Luis Suárez aprovecharía la asistencia de Rakitic en el primer balón que tocó para establecer el 3 a 1 definitivo.

No fue un partido lucido a pesar de haber salido con prácticamente toda la artillería. Eso sí, Arthur Melo solo disputó el primer tiempo, clara declaración de intenciones de cara a Europa. Lo mejor es que no hay que lamentar ningún lesionado y hasta el hecho que el equipo se mostró mejor en el segundo tiempo sin Arthur que con él, algo muy poco habitual pues sin el brasileño al Barcelona suele costarle cuando no tiene a su mejor tocador en la media. Lo que sí es global es la sensación de inseguridad, de endeblez si se quiere, que demuestra el Barcelona antes de la Champions League. Cuidado con eso de jugar con el fuego que supone sobrecargar a los titulares. Que en Roma se quemaron hace un año.

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