Dicen que nunca se rinde, pero hay quien se está rindiendo antes de tiempo. El Sevilla, un continuo milagro, que pasó de la ruina absoluta a coleccionar títulos, lleva años instalado en la excelencia. Lleva más de una década compitiendo contra clubes que le triplican el presupuesto, viviendo por encima de sus posibilidades y desafiando sus ingresos. ¿Cómo no no tener una pausa en el éxito? ¿Cómo no vivir un mal momento? ¿Cómo no sufrir una mala temporada después de tanta gloria acumulada? Dicen que nunca se rinde, pero hay quien se está rindiendo antes de tiempo y está haciendo caso a los que llevan años soñando con una cerilla y un bidón de gasolina, porque hace lustros que quieren ver arder Nervión. Tras un atracón inimaginable de victorias y títulos, hay quien restriega lecciones de táctica, de dividendos y de planificación, como si el sevillismo solo existiera en la victoria, como si los dividendos no se repartieran también cuando se ganaba, como si el Sevilla no hubiera hecho justo lo que lleva haciendo años, comprar barato y vender caro, para mantener su economía.
Dicen que nunca se rinde, pero hay quien se está rindiendo antes de tiempo, formando una bola de nueve gigante con armas arrojadizas en forma de acciones, carnés, informes, ventas y planificaciones. Todo es un desastre, todo es una basura y según nos dicen, todo es susceptible de empeorar. Es el caldo de cultivo ideal para generar crispación social, ver arder el club y dar alas a la histeria colectiva. Dicen que nunca se rinde, pero ahora, en la derrota más amarga, hay gente que se está rindiendo antes de tiempo y se está entregando al arte de pedir que rueden cabezas, como si el club estuviera arruinado, como si la plantilla fuera una basura y el equipo estuviera arrastrándose en Segunda.
Dicen que nunca se rinde, pero hay quien se está rindiendo antes de tiempo, cayendo en la tentación de formar juicios populares.Lopetegui, culpable. Sí, de haber ganado 7 de los últimos 28 partidos y también de conquistar una Europa League y pelearle la Liga a equipos que le duplican el presupuesto. Y sí, culpable de haberse ido cuando lo pudo haber hecho en verano. Monchi, culpable. Sí, de esta planificación y de cumplir con su trabajo, vendiendo a los centrales para sanear las cuentas del club. Sí, culpable de haber llevado al Sevilla a la gloria viviendo por encima de sus ingresos. Y sí, culpable de aguantar los ladridos de las momias mediáticas que llevaban años en la cueva y ahora tienen la poca vergüenza de salir del sarcófago para llamarle tribunero y populista. Pepe Castro, culpable. Sí, de todo. De los dividendos y de lo que haga falta. Y también culpable de poner la cara para que se la partan cada vez que le gritan "dimisión", como también es culpable de colocarse en un discreto segundo plano cuando se ganan títulos y se presume de modelo económico.
Dicen que nunca se rinde, pero hay quien se está rindiendo antes de tiempo, porque se deja llevar por voluntades volubles, opiniones teledirigidas y accionistas pirómanos. Por personajes que montan un circo indecente a sabiendas de que les graban, que se entregan al populismo barato y presumen de servir al Sevilla, cuando en realidad se sirven del Sevilla. Dicen que nunca se rinde, pero hay quien se está rindiendo antes de tiempo, queriendo quemar diez gloriosos años por tres meses malos. Hay que echar a los jugadores, a los que llevan tiempo y también a los recién llegados. Hay que echar a Lopetegui y ponerle en la frontera. Hay que dudar de Monchi, porque aunque le ha dado gloria al club, porque podría no ser Dios aunque lo haya parecido y si es humano, ya no sirve (¿?). Y hay que exigir la dimisión de Castro, porque alguien tiene que pagar la fiesta y como Monchi es intocable porque levanta pasiones y cariños, pues barra libre con Pepe. Sobran ‘valientes’ para condenar y no faltan manos para azotar. A la hoguera con todo bicho viviente.
Dicen que nunca se rinde, pero hay quien se está rindiendo antes de tiempo y eso el Sevilla FC no se lo puede permitir. Y cuando el personal quiere quemarlo todo, cuando algunos creen que el monte es orégano y aparecen personajes siniestros al olor del fracaso, es cuando el sevillismo tiene la obligación moral de despertar. Primero, con memoria y respeto: recordando dónde estaba este club y dónde está ahora. Y segundo, con sentido común: de una crisis tan fuerte, solo se sale con trabajo, humildad, unidad y convicción. Si de verdad dicen que nunca se rinde, ahora es el momento ideal para demostrarlo.
Rubén Uría
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