Celta 2-0 Atlético: Resbalón en Balaídos

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Maxi Gómez, con un gol tras un resbalón de Godín y una asistencia para el gol de Aspas, tumba al conjunto de Simeone.

Un resbalón condenó al Atlético de Madrid en Vigo (2-0). Un mal paso de Godín allanó la senda celesta y la sociedad ilimitada que tiene el Celta por ataque hizo el resto. Maxi Gómez noqueó y Iago Aspas pegó el derechazo definitivo. Suficiente éste para mandar a la cuneta a un desconocido conjunto, el de Diego Pablo Simeone, cuyo castigo pudo ser incluso mayor.

Y es que el Atlético empezó siendo el conjunto apático que gusta de ser en ciertos momentos. Con un lateral de parche (Savic) y ante un Celta con un plus de tensión, el conjunto rojiblanco no llegó a tiempo a una primera mitad de más bien poco fútbol. Si alguno de los dos quiso jugar, o al menos disimularlo, ese fue el Celta de Vigo. Y ni mucho menos por dominio, porque no fue tal, sino por lo ligeramente superior que fue cuidando el cuero el equipo de Antonio Mohamed. Fue mejor que su rival en el tramo inicial, aunque no inquietó la meta de un rival cuyo primer acercamiento llegó casi cumplida la primera media hora.

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Fue entonces cuando creció, aunque no en exceso el Atlético de Madrid. Acogió el balón como suyo y se hizo dominador de un partido en el que destacaron, por encima de la monotonía, Griezmann y Saúl. Uno por interpretar bien un tipo de partido familiar al abrigo de Simeone y el otro por aparecer como efecto sorpresa por el balcón del área viguesa.

Pero, aun siendo ligeramente superior, tampoco llegó a desequilibrar un choque que acabó por decantarse tras un inoportuno resbalón. Todavía cociéndose el parón del descanso, Diego Godín resbaló para dejarle el cuero a placer a su compatriota Maxi Gómez. Como bien hiciera el curso pasado, el artillero fusiló a Oblak (46’) para noquear a un rival que no volvió a ponerse de pie. Añorando aquellos no tan lejanos tiempos, los de la temporada pasada, en los que firmaron una sociedad ilimitada, el delantero uruguayo colgó el cuero. Y allí emergió el certero remate de cabeza de un Iago Aspas que, con su primer tanto en la presente liga, pareció guiñarle el ojo al seleccionador español Luis Enrique (52’).

Para aquel entonces, y estando ya más que tocado de muerte, ni los cambios cambiaron la cara a un Atlético de Madrid cuya caída pudo ser incluso más grande de no ser por el VAR. Gustavo Cabral anotó de cabeza un tercer tanto (71’) que celebró… hasta la rectificación del videoarbitraje. Una tecnología a la que acabó dando gracias un conjunto colchonero que en Vigo besó la lona por primera vez en lo que va de curso.

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