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Real Madrid

Casemiro, de niño indefenso a infalible escudero de Zidane

17:27 ART 5/11/17
Casemiro Real Madrid 08082017
El brasileño asombra al mundo del fútbol hace ya bastante. Aquí, un repaso por su vida.

LA INTRAHISTORIA

Un equipo de fútbol juega a lo que juega su mediocentro. Es una máxima del balompié conocida por todos. Y precisamente siguiendo esa ley no es de extrañar que a día de hoy el Real Madrid sea un equipo total, gracias a las cualidades de su pléyade de mediocampistas: Casemiro, Luka Modric, Toni Kroos e Isco Alarcón. Jugadores todoterreno, capaces de correr, robar, crear, distribuir juego, asomarse al área, marcar, disparar desde lejos… Tan rápido te construyen un muro alrededor de la galleta central, como cogen el pincel para dibujar obras de arte sobre el lienzo del área contraria. Son el eje sobre el que gira este Real Madrid de Zidane. Y entre todos ellos destaca sobremanera Casemiro. Por desconocido, por fulgurante, por debatido, pero sobre todo, ‘Casemito’ (como le llaman en el vestuario) destaca por infalible. 

CASEMIRO, DE DESCONOCIDO A ESENCIAL

El pivote brasileño es el pegamento que mantiene unidos a todos en el campo. El protector encargado de que todos sus compañeros sean mejores sobre el verde. El escudero de un Zidane que confió en él desde el primer momento y que ahora recoge los frutos en forma de seis títulos en año y medio (de los ocho campeonatos disputados desde entonces). De un tiempo a esta parte, nunca falta a su cita. Y siempre se le echa de menos cuando no puede estar sobre el verde. Irónico destino para un chico cuyos primeros pasos en la vida y en el fútbol nunca hubieran augurado un camino estelar.

Y es que Casemiro nació y creció en una zona humilde de Brasil. Muy humilde, incluso. Era Sao José dos Campos, en el Estado de Sao Paulo. “No cabíamos todos en nuestra casa y así íbamos a veces a casa de la tía y a veces a la de la abuela. Allí teníamos que entrar todos en la misma habitación y en el mismo baño”, recordaba el propio futbolista en la televisión brasileña. La marcha de su padre a sus cinco años de edad no ayudó a sobrellevar la delicada situación. Más bien todo lo contrario, puesto que Casemiro tuvo que cuidar de sus hermanos pequeños Lucas y Blanca. Afortunadamente para su  familia y para el balompié, Casemiro encontró refugio en el fútbol apenas un año después de ‘perder’ a su padre. Fue Nilton de Jesus Moreira quien le acogió.

Moreira fue portero profesional durante veinte años, llegando a militar en el Fluminense en los años 80. Tras colgar las botas en 1997, fundó la escuela de fútbol Moreira’s Sport en la zona norte de Sao José dos Campos, el que sería el ‘albergue’ que resguardó al pequeño Casemiro al abrigo del fútbol. De forma que Moreira no sólo se convirtió en su entrenador y descubridor, sino en su guía y tutor, en un firme apoyo para su educación al lado de su madre Magda y el resto de su familia. Incluso algo más. “Es un padre para mí”, confesó el propio Casemiro este mismo julio durante un homenaje en la Cámara de su ciudad natal. 

La escuela de Moreira tiene un acuerdo con el Sao Paulo para alimentar su cantera con jugadores jóvenes y prometedores. Y Casemiro fue de los primeros además de uno de los casos más fructíferos para con este acuerdo de colaboración. “Les dije que tenía a un niño que gustaba de jugar la pelota. Vinieron a verle. Le dio dos o tres toques al balón, y ya estábamos hablando de incorporarle al Sao Paulo inmediatamente”, reconocía Moreira a Globoesporte. “Y en las categorías inferiores era como un adulto jugando entre niños aunque tenían la misma edad. ¡Pegaba unos zambombazos!”, añadía Moreira. Lo cierto es que a partir de ahí, con once años de edad, la carrera de Casemiro ya no dejó de crecer en el club paulista hasta llegar a debutar con el primer equipo el 25 de julio de 2010 de la mano del técnico Ricardo Gomes. Allí fue donde un error tipográfico en la camiseta le convirtió en Casemiro (aunque él realmente se llama Casimiro, pero su buena actuación ese día le animó a adoptar su nuevo nombre). El inicio de la explosión, en el sentido más amplio de la expresión.

Ese mismo año 2010, el mediocentro del Real Madrid fue uno de los mejores en la Copa Sao Paulo que se adjudicó su equipo. A principios del año 2011 conquista el Sudamericano Sub-20 con Brasil al lado de Neymar y Lucas Moura, siendo uno de los mejores del torneo. Y a finales de temporada -verano de 2011- fue también de los mejores en el Mundial Sub-20 que gana la canarinha de Coutinho, Willian y Oscar [en cuartos eliminan a la España de Isco, Koke o Sergi Roberto a los mandos de Julen Lopetegui]. Esas actuaciones estelares le valen a Casemiro para ser llamado incluso en cinco ocasiones por la selección absoluta brasileña de la mano de Mano Menezes, durante la temporada 2011-12, cuando apenas contaba con 19 años y medio. 

Así las cosas, en 2012, con tan sólo 20 años, Casemiro sumaba varios títulos continentales, era internacional absoluto por Brasil y en su haber más de 100 partidos con el primer equipo del Sao Paulo habiendo salido del humilde Sao José de Campos. ¿Qué más podía pedir, cuando sólo unos años antes se tenía que quedar a dormir incluso en casa de sus compañeros tras los entrenamientos? Pues irónicamente, sí había algo que había perdido por el camino: tranquilidad, estabilidad y equilibrio. El foco. Lo que le llevó a entrar en un profundo bache entre 2012 y 2013 que se tradujo en más de medio año en blanco en el Sao Paulo, y de por medio, una mala relación con su entrenador Ney Franco. “En aquel momento, Casemiro era muy perezoso. No le gustaba entrenar”, llegó a reconocer públicamente Edmilson incluso hace escasas fechas. Y le conocían como "Casemarra" por sus malas formas. La clásica implosión después de la explosión.

Sea como fuere, el caso es que en esas circunstancias apareció el Real Madrid en enero de 2013 para lograr su cesión desde el Sao Paulo. Seguido por la dirección deportiva y fichado bajo el mandato de Ramón Martínez y su equipo de ojeadores para el Castilla, Casemiro llegó algo pasado de peso al filial. Pero eso sí, muy concienciado de que no podía desaprovechar esta oportunidad. “Dadme cinco partidos y demostraré que puedo ser titular en el Real Madrid”, se rumorea en los mentideros madridistas que dijo en el club blanco nada más llegar a Concha Espina. Y sea como fuere, lo cierto es que fue quemando fases rápidamente. 

Titular habitual en el Castilla con Alberto Toril como técnico, debutó con el primer equipo el 20 de abril de 2013 de la mano de Jose Mourinho, apenas tres meses después de aterrizar en Madrid. El club blanco hizo efectiva la opción de compra para quedarse al brasileño en propiedad ese verano. El plan de Casemiro se estaba cumpliendo, y esa temporada 2013-14 fue jugador del primer equipo de pleno derecho, siendo recordada esta campaña por los pocos minutos que tuvo al lado de Carlo Ancelotti, pero eso sí, con una actuación soberbia en Dortmund cuando al Real Madrid se le escapaba la Décima de entre los dedos. El Westfallenstadion descubrió en primicia la personalidad y autoridad que Casemiro tenía guardadas para sí hasta ese momento. Una aparición providencial que le granjeó el respeto de todos en el club blanco. En 2014-15 salió cedido al Porto de Julen Lopetegui, consumando su adaptación al fútbol de élite en Europa, y la temporada siguiente ya en el Real Madrid fue cuando –Benítez mediante- alcanzó la importancia que se ha ganado hoy en día al lado de Zidane en una trayectoria ya por todos conocida. Y unánimemente reconocida en el mundo del fútbol especialmente tras las dos últimas finales ante Juventus y Manchester United.

Quién sabe si gracias a ese bache que atravesó en el Sao Paulo llegó al Real Madrid. Quién sabe si gracias a aquella experiencia hoy Casemiro es el jugador que es. Pero lo cierto es que el mejor momento profesional del brasileño coincide con una sólida situación  personal después de todas las ráfagas de incertidumbres que la vida le había deparado. Al lado de su mujer Anna, con la que lleva casado tres años, y de su hija Sara de año y medio; rodeado de su familia, y amigos, en un entorno muy saludable y sereno, proclive para que Casemiro pueda dedicarse a lo que más le gusta en el mundo: su profesión de futbolista, a la que entrega todas las horas del día. Y un entorno en el que Casemiro ejerce de ‘padre’ protector para con toda su familia: su madre, hermanos, primos, amigos… Irónicamente, justo de lo que él adoleció cuando era joven. Claro que si es el más eficiente escudero de los Zidane, Cristiano Ronaldo, Benzema, Bale y compañía, ¡cómo no iba a serlo de su propia familia!

“Nunca abandonéis vuestros sueños. Yo nunca desistí. Todo el mundo que convive conmigo sabe lo que luché. Y hoy soy muy feliz. Así que no abandonéis vuestros sueños”, le decía Casemiro a los niños que se congregaron en el homenaje de su ciudad este verano. Desde esa posición privilegiada que le da saber que tiene todo el fútbol del mundo que quiera por delante de sus ojos, y además, la inmensa experiencia de su espinosa vida a sus espaldas. Una cabeza madura con el vigor de un joven. Así juega Casemiro. Así es Casemiro.