OPINIÓN Y ANÁLISIS
Gareth Bale se volvió a marchar del Bernabéu con división de opiniones. Parte del público madridista no parece perdonar al galés su intermitente rendimiento, en especial en el encuentro ante el Levante donde ejerció de improvisado delantero centro, desperdiciando varias ocasiones claras. Anoche fue distinto y terminó siendo igual, cruel paradoja, porque el de Cardiff regresó a la izquierda y aportó bastante al Real Madrid, aunque los silbidos volvieran a asomar por Chamartín.
Bale participó en el primer gol y en el tercero, además de ofrecer cinco pases que bien pudieron ser otros tantos goles. Sirvió un bonito centro desde la izquierda para Ronaldo en el primer tanto de la noche y en el tercero amortiguó con la cabeza un centro para que Ramos sacara el recurso de una inesperada chilena, no muy ortodoxa pero efectiva. Y toda esta contribución del '11' blanco llegó desde el costado zurdo, donde tantas veces brilló en su etapa en el Tottenham. Una posición 'redescubierta' este martes.
La presencia de Ronaldo por el centro del área, quien cada vez absorbe más espacio como ariete puro, no solo desplazó al galés hacia el costado, también le restó algo de responsabilidad ofensiva y desplazó hacia otro lado la lupa del público, el cual realizó su personal plebiscito cuando fue sustituido.
El 4-3-1-2 usado por Zinedine Zidane ante el APOEL, dibujo condicionado por la lesión de Benzema y el regreso de Ronaldo, también pusieron de su parte para que Bale contara con más espacio en el ataque, más huecos por donde el jugador de Cardiff pueda demostrar que sigue siendo un expreso con energías para rodar.




