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Diego SimeoneGetty Images

"Aquí ya entra cualquiera" (*)

La anécdota la he contado varias veces. Hace meses fui al Metropolitano, abandoné la tribuna de prensa y me infiltré entre la grada con un buen amigo. Durante el partido y en un sector plagado de socios, un tipo que superaba los cuarenta se pasó quince minutos levantándose de su asiento y gritando: "Simeone, hijo de p...". Miré a mi amigo, le cogí por el hombro y le comenté: "Aquí ya entra cualquiera". Como el tipo seguía insultando al Cholo, me levanté de mi sitio y me acerqué a él, para intentar explicarle que tenía derecho a criticar al entrenador, sus cambios, su alineación, su manera de jugar o lo que le diera la gana, pero que no podía entender cómo un aficionado del Atlético de Madrid podía pasarse medio partido mentando a la madre del señor que tantos años de felicidad y gloria le ha dado al club y al aficionado. El tipo me escuchó, me miró de arriba a abajo, no me contestó y se sentó en su sitio. En el último minuto, se levantó, enfiló el vomitorio, tomó el camino de las escaleras y volvió a gritar: "Simeone, hijo de p...". Mi amigo me miró y me dijo con tono grave. "Uría, vas a tener razón al final. Aquí ya entra cualquiera".

Si de algo es culpable Diego Pablo Simeone es de haber ilusionado a los aficionados del Atleti logrando un puñado de títulos y un rosario de victorias, haciendo posible lo que casi todos creían que era imposible. Si de algo es culpable el Cholo es de haber recuperado la identidad y el orgullo perdido de los hinchas del Atlético de Madrid, cuando ese club era un 'Titanic' que se había estrellado por enésima vez y llevaba años siendo el chiste fácil en la oficina todos los lunes. Si de algo es culpable el señor de negro es de haber edificado, vertebrado y levantado, de la nada, un equipo que daba pena y se arrastraba, hasta convertirlo en un grande cuyo secreto consistía en luchar como un pequeño. Si de algo es culpable Simeone es de haber sostenido al club durante los diez mejores años de su historia y de no haber sido capaz de frenar la caída en picado del equipo durante año y medio, mientras los mediocres ignoran que sólo caen aquellos que han llegado a lo más alto. Y Simeone, por más que se haya equivocado un millón de veces y se siga equivocando otros tropecientos millones, es lo mejor que le ha pasado al Atleti en sus más de cien años de historia.

A Simeone hay que exigirle todo, porque siempre lo da. A Simeone hay que pedirle todo, porque a otros nadie les pide nunca nada. A Simeone hay que culparle cuando nada funciona, porque él hizo funcionar todo. A Simeone se le puede y se le debe pedir el máximo, porque lleva diez años entregado en cuerpo y alma a hacer grande al Atleti mientras otros le hacen más pequeño. A Simeone se le puede criticar un cambio, un fichaje, una alineación, una postura, una frase o hasta toda una rueda de prensa. Incluso alguno que no sepa sumar o tenga ganas de hacerlo, puede discutirle su trayectoria. A Simeone, porque cada uno siente o padece el Atleti como le da la gana, se le puede incluso pitar desde el rencor más canita o hasta desde la coherencia más aplastante de quien nunca, ni ganando ni perdiendo, comulgó con su fútbol. Lo que no tiene ni pies ni cabeza es pitar a los aficionados que corean su nombre, que apoyan al entrenador de su equipo y que reconocen a quien ha sido el artífice de los mejores años de la historia del Atleti. Nadie pide ovaciones para Simeone, nadie pide cánticos para el Cholo, nadie pide apoyo unánime y nadie reclama aplausos para un entrenador si no te gusta ese entrenador. Lo que sí se pide, lo que sí es necesario, es no perder el respeto a quien tanto te ha dado. Primero, por coherencia. Segundo, por gratitud. Y tercero, para evitar lo peor que le puede pasar a uno en la vida: que la memoria se llene de olvido.

Simeone no es perfecto, aunque sus resultados lo parezcan. Simeone no es Dios, aunque los "cholistas" seamos una secta. Simeone no es más grande que el Atleti, porque nadie es imprescindible. Y Simeone, como todas las personas de este mundo, se equivoca. Lo que no suma es abuchear a los que cantan a Simeone. Lo que no sirve es insultar a Simeone o faltarle al respeto. Primero, porque es hacerle el caldo gordo al 'nacionalmadridismo' mediático que lleva años apuntándole a la sien. Y segundo, porque es ir contra alguien de tu propia familia. Uno, que forma parte de la secta "cholista", no reclama apoyo incondicional, ni aplauso unánime, ni que la gente crea en Simeone. Ni tan siquiera el reconocimiento que el personaje, por sus resultados, merece. Uno lo único que exige es un mínimo de respeto y decoro hacia quien te devolvió la grandeza perdida. Insultar a Simeone siendo del Atleti es como si un madridista insultase a Florentino. Ser del Atleti e insultar a Simeone es como ser del Barça e insultar a Messi. Valdano dice que quien no quiere a Messi, no quiere al fútbol. Y quien esto escribe cree que quien insulta a Simeone, no quiere al Atleti.

Rubén Uría

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