Decían que tenía siete vidas, como los gatos, pero todo lo que tiene un principio, tiene un final. Joan Francesc Ferrer, “Rubi” llevaba demasiado en el alambre y aunque decían que tenía el respaldo de la entidad, ya está en la cola del INEM.Ley de fútbol. En cuanto el público tiene cuello para girarlo al palco y la directiva nota que los aficionados buscan culpables, el entrenador pierde la cabeza. Los técnicos son hijos de los resultados y los directivos, que suelen contratarlos sin saber para qué, les sacrifican sin titubeos. Tras perder en San Mamés, el despido de Rubi era un secreto a voces. Eso sí, la manera de anunciar su destitución fue digna del guión más disparatado de las películas de Berlanga: se hizo entrada la madrugada, como mandan los cánones del mal dirigente, con nocturnidad y alevosía.
Rubi ya es historia. [Por cierto, aclaración pertinente para despistados y periodistas que no saben sacar la cabeza del cubo eterno del Madrid y del Barça: se escribe y pronuncia Rubi, sin acento en la i, porque su apodo viene de rubio, no de piedra preciosa]. El técnico deja al Betis con el peor porcentaje de victorias del club (8 de 30, un 26%) y sensaciones muy negativas. Quizá Rubi no sea el único culpable, pero eso es tan cierto como que, en fútbol profesional, si no eres parte de la solución, los resultados te condenan a ser parte del problema.Rubi se va. ‘Game Over’.
El técnico sale, la directiva se queda. Para el entrenador es 'Game Over' y para los directivos siempre es 'Insert Coin'. En las últimas cuatro temporadas, el Real Betis ha invertido 200 millones de euros en fichajes, para un 15º, 6º,10º y 14º puesto. Ángel Haro y José Miguel López Catalán, aunque no juegan, acumulan con su gestión un porcentaje de derrotas del 42%. Aterrizaron en el consejo cuando estaba Pepe Mel y desde entonces, han hecho desfilar a Juan Merino, Gustavo Poyet, Víctor Sánchez del Amo, Alexis Trujillo, Quique Setién y ahora, Rubi. Ahora el ‘marrón’ se lo comerá otra vez Alexis. Por el camino, por cierto, echaron a Lorenzo Serra Ferrer, que sabe más de fútbol y beticismo que los que presumen en el palco de ser más béticos que Gordillo.
Mientras la plantilla asimila que a varios jugadores la camiseta les está quedando grande, los aficionados tienen motivos para girarse al palco y mirar a los despachos, preguntándose qué están haciendo con su Betis. Habrá quien siga culpando al empedrado y hasta quien pretenda que los béticos se traguen que la culpa de todo la tiene Palmerín, pero el crédito se acaba. Se puede engañar a todo el mundo algún tiempo y se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo. La afición no se merece esto.
Rubén Uría



