A River le alcanzó con la jerarquía pero no siempre es suficiente

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La ficha del partido dirá que River ganó de visitante, que sumaron minutos cinco de los seis refuerzos, que volvió a convertir Matías Suárez. También dirá, entre lo negativo, que Borré tuvo que salir a los 9 minutos por una molestia, como así también debió ser reemplazado Pinola, en su caso por una situación bastante más preocupante, cuando en cuatro días buscará otro título local contra Racing en la Supercopa Argentina.

Lo que no dirá es que al equipo de Gallardo, que venía de florearse ante Rosario Central, le costó muchísimo superar a Platense, en su segundo partido en Primera División después de 21 años, que volvió a demostrar que será un equipo por demás incómodo para todo rival que se ponga en su camino y que, sin hacerle la vida imposible, llegó a tenerlo contra las cuerdas. Incluso Armani, desacostumbrado a nivel local de sus atajadas salvadoras, tuvo que salir a defender la mínima ventaja con uno de sus manotazos marca registrada.

El gol tempranero presagiaba un vendaval de fútbol, sobre todo con la apilada y asistencia de De La Cruz para la definición quirúrgica de Suárez. Lo que en Argentina o en China se llama jerarquía. Sin embargo, paulatinamente se fue apagando el ritmo vertiginoso y dejó crecer al Calamar, excesivamente confiado de su diferencia de peso específico.

Julián Álvarez, el reemplazante de Borré luego del gol, no logró entrar en juego como se esperaba, algo que sí hizo Palavecino, con condiciones de titular más temprano que tarde; Vigo, con altibajos, será una interesante alternativa a Montiel; por su parte Martínez, Fontana y Paradela deberán seguir sumando minutos para acomodarse.

La victoria siempre sirve, pero lo hará más aún si Gallardo, que no incluye en su diccionario la relajación, toma nota que la jerarquía alcanza, solo a veces.