De no valer para nada a ser uno de los mejores del mundo. La histriónica y extremista España de los juicios fáciles ya tiene en su haber a otra figura de ésas que ascender al cielo y bajar al infierno como si hubiera un ascensor supersónico que conectara ambas dimensiones. Se trata de Karim Benzema, que de unas semanas a esta parte de pronto ha aglutinado por fin los elogios de todo el mundo del fútbol. Cuatro años y medio le ha costado al delantero galo, nada más y nada menos. Pues incluso cuando hace dos temporadas marcó 32 goles en una sola campaña, los elogios se los llevaron José Mourinho y Zidane, pero ni siquiera el propio Benzema.
Dos problemas ha tenido el francés en este tiempo en España. Nunca terminó de calar en el aficionado, lastrado por esa imagen de indolente que proyectó en su primera temporada, además de por su carácter introvertido, lo que le aleja del centro de las miradas incluso cuando se las gana para bien. Y además, que nunca ha terminado de entenderse su fútbol, buscando en él un delantero centro cuando en el Real Madrid es casi un enganche, con pases, centros y desmarques que hacen mejores a todos los que le rodean. Justo la función de los mediocampistas.
Por ello, ha necesitado de nada menos que doce goles en estos dos meses de 2014 y superar el registro anotador de una leyenda como Ronaldo Nazario en el club (104 goles) para que por fin el aficionado medio empezara a descubrir las bondades de este apocado ‘falso delantero’. Para que por fin a Benzema le empezara a lucir el pelo como merece. Cuestión de marketing, quizás. Pues el galo sigue haciendo su trabajo igual de bien, mejor probablemente porque irradia confianza (Didier Deschamps dixit), pero eso sí, los goles lo hacen irresistiblemente más vendible hoy que hace unos meses atrás.
Gracias a los movimientos de Benzema sobre el campo, los Gareth Bale, Cristiano Ronaldo, Luka Modric, Ángel Di María y compañía son mejores. Gracias a su fútbol de fino estilista, el engranaje atacante del Real Madrid encaja sedosamente. Y ahora, gracias a sus propios goles, por fin el talentoso Benzema también “es” mejor. ¿Momentáneamente, para algunos? Seguramente, también.

Dos problemas ha tenido el francés en este tiempo en España. Nunca terminó de calar en el aficionado, lastrado por esa imagen de indolente que proyectó en su primera temporada, además de por su carácter introvertido, lo que le aleja del centro de las miradas incluso cuando se las gana para bien. Y además, que nunca ha terminado de entenderse su fútbol, buscando en él un delantero centro cuando en el Real Madrid es casi un enganche, con pases, centros y desmarques que hacen mejores a todos los que le rodean. Justo la función de los mediocampistas.Por ello, ha necesitado de nada menos que doce goles en estos dos meses de 2014 y superar el registro anotador de una leyenda como Ronaldo Nazario en el club (104 goles) para que por fin el aficionado medio empezara a descubrir las bondades de este apocado ‘falso delantero’. Para que por fin a Benzema le empezara a lucir el pelo como merece. Cuestión de marketing, quizás. Pues el galo sigue haciendo su trabajo igual de bien, mejor probablemente porque irradia confianza (Didier Deschamps dixit), pero eso sí, los goles lo hacen irresistiblemente más vendible hoy que hace unos meses atrás.
Gracias a los movimientos de Benzema sobre el campo, los Gareth Bale, Cristiano Ronaldo, Luka Modric, Ángel Di María y compañía son mejores. Gracias a su fútbol de fino estilista, el engranaje atacante del Real Madrid encaja sedosamente. Y ahora, gracias a sus propios goles, por fin el talentoso Benzema también “es” mejor. ¿Momentáneamente, para algunos? Seguramente, también.

