Por Jorge C. Picón - Recientemente hablaba con gente que conoce bien la selección uruguaya y sus siempre prolíficas categorías inferiores. Me aseguraban que habían visto pasar por delante de sus ojos a grandes talentos. Muchos de ellos habían llegado al profesionalismo mientras que otros se habían quedado en el camino. En algunas ocasiones, por malas compañías. Sin embargo, me afirmaban con rotundidad que, teniendo en cuenta las últimas generaciones, no habían visto nada igual a Fede Valverde. "Es un animal", expresaban. Un 'Pajarito' exactamente, pensaba para mí.
Sin duda, Fede es un futbolista diferente y contra el Alavés volvió a demostrarlo. Su agresividad y su verticalidad no tienen precio en un equipo demasiado plano durante largos tramos de partido. Clave en el robo (recuperó tres balones según datos de Opta) y en las transiciones ofensivas, además de tirar desmarques que para algunos de sus compañeros son tan inesperados que no saben aprovecharlos. Su mera presencia lo hace todo más enérgico. Por ello, es insustituible. La sensación es que Ancelotti está infrautilizando al uruguayo, muy aprovechable en partidos como, por ejemplo, el del otro día en París.
Quizás, su menor participación se debe a su perfil bajo, siempre conforme con el rol que le de el entrenador y agradecido con el mero hecho de ponerse la camiseta blanca. Pero esa humildad va en su ADN y en el del resto de su familia, que no imaginaban todo esto cuando vivían en un barrio humilde de Montevideo. "Siempre me recuerdan que no soy nadie", reconocía Fede en una entrevista. Pero sí, Valverde es alguien y muy importante para el presente y el futuro del conjunto blanco.
En verano renovó su contrato hasta 2027. Un gesto del Madrid para premiar su compromiso y rendimiento, fuera de toda duda desde que llegó a La Fábrica en 2016. No será la última: el club está encantado con él y su entorno. No levanta la voz y demuestra su carácter charrúa en el campo. Hay Valverde para rato en el Bernabéu.




