La última vez que el Barcelona jugó la Europa League la competición no tenía ni ese nombre. Se llamaba Copa de la UEFA y la disputaban equipos de un nivel muy inferior al club azulgrana, que acababa de empezar un nuevo proyecto tanto de equipo, como de club. Joan Laporta había ganado las elecciones a la presidencia, había nombrado a Frank Rijkaard como entrenador y le había arrebatado a Ronaldinho Gaúcho tanto al Real Madrid como al Manchester United. Eran otros tiempos. Lionel Messi ni siquiera había debutado con el primer equipo masculino. Bueno, eran otros tiempos, pero parece que la historia siempre depara casualidades. Laporta ha vuelto a ganar las elecciones y, en su primer año, como sucedió en aquel 2003-04, el Barça volverá a disputar la segunda competición europea de clubes. Y tampoco está Messi, para buscarle parecidos razonables y para pensar en un futuro esperanzador. El nuevo Ronaldinho lo dejamos para la imaginación de los lectores. Hagan apuestas. Tras ese tropezón de hace 18 años empezó la era triunfante del Barcelona.
Para el Barça no es ninguna alegría tener que jugar la Europa League. Y no por el nivel de los clubes, porque a día de hoy al Barça le costaría horrores ganar en estadios como el del Borussia Dortmund, el Olympique de Marsella, el Eintracht de Frankfurt o el Leicester City. La imagen del Allianz Arena no da lugar a pensar distinto. Inició concentrado, ejerciendo presión con intensidad, pero se diluyó como el azúcar de la misma manera que le viene sucediendo durante toda la tempodada cuando el Bayern se adelantó. El equipo no pudo pese a dejarse la piel. Imposible abrir la defensa del conjunto bávaro solo con Dembélé, sin nadie acompañándole y con demasiadas imprecisiones en la salida del balón. Con el segundo ya se terminó. Aparecieron los viejos fantasmas y ya no hubo reacción hasta que el Bayern levantó el pie del acelerador como lo hizo en el Camp Nou tras el 0-3. En Alemania también fue suficiente con el 3-0. Ya no se podía reaccionar de ninguna manera.
Ahora, en la Europa League, el Barça tendrá que competir. Ni mucho menos será un paseo y sudará sangre si quiere llevarse el trofeo a casa, un título que nunca antes ha conseguido. Tiene Copas de Ferias, Recopas de Europa y cinco Champions League en sus vitrinas, pero no dispone de ninguna UEFA Europa League. El Barça tendrá ahora muchísima presión. Se le exigirá ganar el título, que no es el gran trofeo por el que debe luchar el equipo azulgrana cada temporada, y además no solamente tendrá que hacerlo por obligación deportiva, sino por cumplir con los deberes económicos.
Ganar la Europa League no arreglaría el descalabro que supone quedar fuera de los octavos de final de la Champions League (20 millones que estaban presupuestados), pero mitigaría una cifra que en estos momentos deja las cuentas azulgrana con un agujero muy poco conveniente habiendo cerrado el último ejercicio con 481 millones de euros de pérdidas y casi 1.500 millones de deuda. El club no ha podido mantener a Messi, tampoco a Griezmann por su salario, no ha podido fichar a nadie desembolsando dinero por el traspaso y no podrá hacer tampoco incorporaciones en invierno si no se saca de encima antes a algún jugador con uno de los grandes sueldos de la plantilla, como Coutinho o Umtiti. La entidad azulgrana no ha cerrado el patrocinador que debe tener para la próxima temporada y tampoco ha firmado todavía la venta del 50% de Barça Studios. Es decir, la situación es, a día de hoy, dramática.
