Hace cinco años, un mediodía, Jonatan Maidana llevó a su hija a la escuela. Al dejarla, un tipo se le acercó y lo increpó porque River estaba jugando en la B. Pasó la situación lo más rápido posible porque, de fondo, a él le dolía más que el sujeto que se acercó a tratarlo mal. Pero no se olvidó. La mañana siguiente a salir campeón con Ramón Díaz como técnico se levantó pensando en eso. Antes de irse a entrenar, porque tenía una final contra San Lorenzo, agarró el auto, fue al colegio, se bajó del coche y pegó la espalda de sus 185 centímetros a la puerta. Nadie vino, pero aún así se sintió feliz: su bronca había tenido revancha.
Maidana, que nunca olvida un gol de cabeza que le hizo a Temperley en un clásico sureño, jugando para su Los Andes, de donde salió antes de migrar a Boca, tiene cara de malo y un rostro que guarda más de treinta suturas, pero es un personaje amable y tranquilo que habla bien bajito. Contra Bolivia, en el segundo tiempo, después de cuatro años de no jugar en Argentina, volvió a ponerse la celeste y blanca. Al borde dejar la institución donde ganó la Copa Libertadores, con posible salida hacia un equipo de México, tomándose revancha en el exterior -jugó en Metalist, Ucrania, con compañeros a los que, hace un tiempito, llamó para saber cómo sobrevivían al conflicto de Crimea-, el pibe que adora ver documentales de animales abrazado a su hija, ahora, cerca de jugar cuartos de final de la Copa América Centenario, infla el pecho sabiendo que ya nadie lo anda señalando en la calle.
- Antes te pasaba eso en la calle y ahora cambiaron mucho las cosas, ¿no?
- Algunas.
- ¿Cómo?
- Yo sigo haciendo las mismas cosas que antes: soy papá, amo a mis hijos, trato de estar la mayor parte del tiempo con ellos, juego en la plaza como cualquier otro. Soy un tipo normal. Pero, sin dudas, a este tiempo cambia que me elogian o me reconocen o me piden algunas foto.
- Ahora jugás con Messi.
- Pensaba antes de venir que ojalá lo pudiera disfrutar como compañero. Es una gran experiencia.

- No hace tanto tiempo te tocó que fuera rival, en el Mundial de Clubes.
- Fue un privilegio poder jugar contra los mejores. Fue algo muy importante, aunque nos tocó perder. Pero siempre enfrentarse contra los buenos te mejora.
- ¿Qué te sorprendió de Messi como rival?
- Es increíble lo rápido que te das cuenta en la cancha de lo bueno que es. Es muy rápido y muy vivo para buscar espacios y para saber dónde recibir.
- De la Copa América pasada a esta, Martino decidió sumar al plantel a Funes Mori, a Mercado, a Kranevitter y a vos. Prácticamente toda la parte defensiva del River campeón de la Libertadores.
- En su momento, Martino había hablado del bloque defensivo. Nos había elogiado. Creo que hicimos bastantes cosas bien y ganamos torneos importantes. Ganar hizo que nos fueran mirando de otra manera. Por suerte, el entrenador nos estuvo mirando.
- ¿Jugar en el fútbol argentino te vuelve buen defensor?
- En líneas generales, el fútbol argentino es muy intenso. Tenés delanteros rápidos y otros de mucha experiencia. Se choca bastante. Pero no fue solo a nosotros. Martino mira mucho el fútbol local. También está acá Cuesta y podría haber estado Javier Pinola, si no se hubiera lesionado. Tenemos nuestra jerarquía.
