Estaba claro que Boca necesitaba un golpe de confianza. Algo que lo hiciera reaccionar. Los cuatro encuentros consecutivos sin triunfos habían dinamitado la solidez del equipo y el 0-1 en contra que debe levantar ante Racing parecía una misión imposible. Sin embargo, el 2-1 que consiguió sobre la hora ante Independiente le devolvió al plantel algo de esperanza, con el costo de una certeza: necesita de sus jugadores titulares más que nunca.
Lo cierto es que el Xeneize no tuvo una noche positiva en Avellaneda. Arrancó perdiendo, Agustín Rossi atajó un penal que podría haber decretado el final del partido y en ningún momento logró generar una superioridad que pusiera en peligro el arco de Sebastián Sosa... Hasta los últimos 10 minutos. Miguel Ángel Russo mandó a la cancha a Edwin Cardona y Sebastián Villa a los 20 minutos del complemento y a Eduardo Salvio a los 35'. 120 segundos más tarde del ingreso del Toto, Cardona le puso una pelota en la cabeza a Franco Soldano para que ponga el empate y, ya en tiempo de descuento, el propio colombiano clavó un tiro en el ángulo del arquero uruguayo para que los de La Ribera puedan festejar una muy necesitada victoria.
Pero una vez que pase el fervor de haber dado vuelta el resultado -justo lo que necesita hacer el miércoles-, el DT deberá pensar en qué es lo que hará ante la Academia. Porque lo que volvió a evidenciarse es que tiene un plantel corto, sin competencia interna y que expone a los jugadores suplentes. Salvo por Soldano, que logró convertir y ¿se impone para el choque en La Bombonera?, el resto quedó muy lejos de la posibilidad de ganarse un lugar. Mauro Zárate, Julio Buffarini, Diego González, Emmanuel Mas... Ninguno aportó nada.
¿Qué pasará si el técnico necesita echar mano al banco de suplentes ante los de Beccacece? ¿O si el duelo no se abre con los once iniciales? Boca no tiene variantes y es sobredependiente de lo que puedan hacer tres o cuatro futbolistas. Sin ellos, se desmorona. Y Russo deberá tenerlo en cuenta para planificar el cruce con Racing si quiere tener alguna posibilidad de meterse entre los cuatro mejores del continente.

