Había más de un motivo para entender la enorme expectiva que rodeaba al primer partido por los puntos de la era Sampaoli en la Selección argentina . Uno de los tantos, sin dudas, y probablemente uno de los más atractivos, era saber cuál iba a ser el papel de Lionel Mess en el esquema del nuevo DT .
Y si bien el análisis futbolístico sentenciará que todavía falta trabajo y rodaje para aceitar las -nuevas- sociedades que el 10 podría generar con sus flamantes compañeros de ataque, Paulo Dybala y Mauro Icardi, el 0-0 ante Uruguay permitió ver una faceta de Messi casi desconocida con la camiseta celeste y blanca.
Leo lució, como nunca, la cinta en su brazo izquierdo. Lideró a su equipo con la pelota en los pies y sin ella. Metió cuando el partido se lo exigió, jugó cada vez que tuvo espacios. Discutió con los rivales, con el árbitro y se mostró desde el primer minuto. ¡Hasta promocionó, junto a Luis Suárez, la candidatura para el Mundial 2030! Una versión de la Pulga sólo comparable a la del partido ante Bélgica por cuartos de final del Mundial 2014 .
Messi tuvo, en la noche de Montevideo, su mejor actuación como capitán albiceleste. Pidió siempre la pelota, fue para adelante, gambeteó y más de una vez lo tuvieron que frenar con falta. No bajó los brazos después de que Muslera le ahogó el grito de tiro libre , ni se achicó tras el patadón de Álvaro González o cuando le rompieron la remera térmica para pararlo . Como se dice en el barrio, el 10 jugó a cara de perro. Sólo faltó el triunfo.
ASÍ FUE EL PARTIDO DE MESSI

