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Spain Morocco World CupGetty Images

España sueña, sufre, juega mal y queda eliminado...siempre con el balón

Una historia repetida para España. Dolorosa, porque fue un equipo de nobles intenciones que se fue quedando sin energía. El equipo de Luis Enrique ama el balón, lo defiende y busca hacer la mayor cantidad de goles cuando la tiene. Pero no siempre encuentra las fórmulas para romper al rival. No siempre sabe lastimar. Y muchas veces se queda en la nada. Le pasó con Rusia en el Mundial 2018 y le volvió a ocurrir en Qatar.

España vive, sueña, sufre, juega mal y queda eliminado. Pero siempre con el balón. No bajó las banderas en ningún momento. No modificó su libreto. Y ahora le toca verlo desde afuera. Habrá pocas plantillas tan convencidas por una forma de jugar. Ya no quedan en el torneo equipos con una intención tan idílica. Pero no le alcanzó.

Nada del libreto cambió. España se aferró al 4-3-3 y a su estilo; salvo un balonazo de Rodri en el primer tiempo, el equipo de Luis Enrique jamás tiró el balón por arriba, siempre hizo iniciación por bajo (ante Marruecos, sin ningún tipo de presión la mayoría de las veces) e incluso casi nunca saltó líneas. Pocas veces se vio que alguno de los internos, Gavi y Pedri, busque cambiar la orientación con un cambio de frente profundo.

Una estrategia de España no terminó de funcionar. Ante el bloque bajo de Marruecos, probó que Gavi y Pedri se acercaran a pedir el balón en posición de laterales, mientras que Llorent y Jordi estiraban por fuera y alguna vez se ponían en la zona de los internos. Pero en ningún momento se logró conectar, no hubo movimientos para que se entrara con alguna pared y por fuera no se consiguió superioridad numérica.

A España le faltó lo que algunos otros equipos consiguen con su jerarquía individual: la finalización. Para Francia no toma más que cederle la pelota a Mbappé con espacios. Para Brasil, acercarla a Neymar o Vinicius. Pero el conjunto de Luis Enrique es de elaboración y sentimiento colectivo. Por su forma de ser, sí, pero también porque no tiene ningún jugador a la altura de ese desequilibrio.

Fue un dejá vú de Rusia 2018. Un equipo local (porque Marruecos encendió el estadio con 30 mil aficionados) con buenos elementos defensivos, rápido para salir y conforme con los penaltis. A partir de los 70 minutos, salvo una salvada de Unai Simón, el equipo africano no hizo prácticamente nada en ofensiva.

Los penaltis fueron un síntoma de un momento. El equipo empezó a sentir que mientras pasaban los minutos la portería se hacía más y más cerrada, aunque lo intentó hasta el final. Un golpe duro para España y el Mundial, que se queda sin el primer "grande" en los cuartos de final.

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