Primer domingo de febrero. Sol. El termómetro marca 25 primaverales grados y se aleja de la calurosa semana que azotó a Buenos Aires. En La Bombonera, sin embargo, el clima está un poco más espeso: Boca volvió a jugar ante su gente después de poco más dos meses y la final perdida ante River.
En las calles del barrio se vive incertidumbre porque la reacción de la tribuna es un misterio. El estadio, que en los últimos años funcionó como juez y verdugo del presente del club, se convertía en jurado tras la peor derrota de la historia. Y el veredicto fue terminante.
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Faltaba poco más de media hora para que el partido diera arranque cuando desde las ya repletas populares empezaron a bajar los primeros cantitos: “Boca va a salir campeón el día que se vayan todos los hijos de p… de la comisión”, acompañado del “Angelici botón, Angelici botón...” que se repitió cuando salió el equipo a la cancha y cuando se consumó el triunfo por 2-0 ante Godoy Cruz.
Mientras Alfaro gozó de la indiferencia, la hinchada bajó su segundo mensaje: aplausos para todos los jugadores y ovaciones para Darío Benedetto y el ya ausente Wilmar Barrios. Pero las palmas más significativas para quien sepa entender fueron las que se llevó Carlos Tevez después de sus declaraciones contra Guillermo Barros Schelotto. En la guerra de ídolos, parece, hay un claro favorito. Para el Melli, por caso, no hubo caricias ni reproches.
El Xeneize le ganó 2-0 a Godoy Cruz y, mientras la mano del DT empieza a asentarse, la tranquilidad vuelve al al cuerpo del plantel. La bronca, hoy, mira hacia las oficinas de Brandsen 805.




