OPINIÓN
El 11 de julio es una fecha en el calendario recordada por todos los españoles, pero también por todos los madridistas. Si en 2010 la Roja ganaba su primer Mundial en Sudáfrica, en 2018 se confirmaba el adiós de Cristiano Ronaldo al Real Madrid tras nueve temporadas.
Fue una década bastante exitosa tanto para el Real Madrid como para Cristiano Ronaldo donde conquistaron juntos dos Ligas, dos Copas del Rey, cuatro Champions, tres Supercopas de Europa y tres Mundiales de Clubes para un total de 16 grandes títulos donde además el luso sumó cuatro Balones de Oro, tres Botas de Oro o dos premios The Best entre otros.
Pero desde que separaron sus caminos, ni Ronaldo había podido brillar como acostumbraba en la Juventus (un Scudetto y una Supercopa era un pobre bagaje para un futbolista acostumbrado a ganar casi todo) ni el Madrid había sumado grandes alegrías más allá de un Mundial de Clubes o una Supercopa de España.
Pesaba mucho en el conjunto blanco la pérdida de gol tras la marcha de Cristiano, un jugador acostumbrado a firmar más de 40 goles por temporada, algo que logró en ocho de sus nueve temporadas vestido de blanco.
Tras dos años de travesía, Zidane ha dado con la tecla remodelando a un Real Madrid que pese a tener nueve atacantes solo Benzema ha cumplido expectativas, pero convirtiendo a su equipo en un conjunto donde cualquiera podía hacer gol y donde tenían el deber de sumar su granito de arena para hacer olvidar a Cristiano.
Con el tanto de Mendy en Granada, de hecho se convirtió en el equipo con más goleadores distintos en la historia de la Liga (21). Atrás queda la Cristianodependencia del equipo que por fin alza un título importante, precisamente sin probablemente (y que me perdonen los que vieron jugar a Di Stéfano de blanco) al futbolista más importante en la historia del Real Madrid.





