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Ruben Uria BlogGoal

Edad de becarios, personalidad de jefes

"Caballeros, cuando la porquería se desparrama, unos corren y otros se quedan”. La frase de Al Pacino en 'Esencia de Mujer' cobró cuerpo y forma en el Atleti. Cuando la pelota entraba, todo era maravilloso y todos se jactaban de que, si se creía y se trabajaba, se podía. El resultado era la categoría y el juego, la anécdota. Cuando la pelota dejó de entrar incluso jugando mejor que antes, todo pasó a ser un drama y hubo quien perdió el lugar donde la espalda pierde su casto nombre para renegar de quienes han construido los mejores años de la historia del club. Con miles de atléticos en modo apagón y otros en el rincón de pensar, el equipo prendió la luz la noche que más lo necesitaba. Salió al campo mandón, espantó sus fantasmas, jugó a gran nivel durante el primer tiempo y selló su pase a octavos de final. Otra vez, el Atleti estará entre los mejores de Europa. Otra vez, Simeone coloca al equipo donde el club necesita. Y otra vez, los que se han acostumbrado al caviar protestarán el día que toque comer mortadela. No importa. El Atleti está donde debe. Y más allá de malos resultados y falta de pegada, incluso de los veletas que un día te venden que esta es la mejor plantilla de la historia y al siguiente, que todo es un desastre, queda la realidad. Que nada se ha roto. Que el discurso sigue siendo el mismo. Y que desde que llegó Simeone, el Atleti camina por la senda de los mejores, con una regularidad aplastante, reinventándose cada día, ganando o perdiendo, pero compitiendo siempre.

Hoy el Atleti está en obras, es un hecho y no una opinión, pero esto acaba en mayo y no hay jugador del equipo que no crea en el grupo. Mientras tanto, sabiendo que existe un gran margen de mejora en lo colectivo, el Atleti se ha quitado una tonelada de presión de encima. Planeaba la sombra del fracaso y el grupo, que ha tenido más juego que puntos en Liga, ha sabido salir del atolladero con personalidad. La noche entera fue para dos tipos con edad de becarios que, cada vez que tocan el balón, se comportan como lo que realmente son, jefes. Se trata de Thomas Teye Partey y de João Félix. Dos que cuando la porquería se desparrama, no corren, porque su personalidad les invita a quedarse. El ghanés ofreció una master-class acelerada de cómo ser mediocentro: quitó, distribuyó, presionó, rompió líneas, llegó y lideró. El luso se vistió con traje de luces y fue un artista en el terreno de juego: provocó un penalti a los 50 segundos, marcó otro a los 14 minutos, tiró caños, regaló pases de genio, fintas de categoría y dejó detalles de auténtico crack. Arropado por los compañeros, jugando de segunda punta y con libertad absoluta para recibir entre líneas, fue principio y final de cada ataque. Tiene más clase que un instituto y sus compañeros lo saben. Mejora cada pelota que toca. El pase a octavos fue para el Atleti. El partido lo gobernó Thomas de principio a fin. Y la noche fue de João Félix. Nadie brilla con más intensidad en el firmamento del Atleti que este virguero niño prodigio.

Rubén Uría

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