El 31 de octubre del 2017 quedó señalado como el día en que se produjo una de las derrotas más dolorosas de la historia moderna de River . No era una final, no era Boca el rival, pero ver cómo Lanús le daba vuelta una serie que el Millonario manejaba con tres goles de diferencia, a poco más de 45 minutos para terminar, fue un golpe tan duro que el duelo duró exactamente cuatro meses y medio.
Solamente un Superclásico, por un título oficial , podía cerrar la herida que no había curado la Copa Argentina ante Atlético Tucumán, ni la renovación de Marcelo Gallardo, pero que no paraba de molestar y se hacía evidente en cada partido de la Superliga, de los que solo había ganado dos de los siete que disputó , pese a los casi 20 millones de dólares gastados para curarse.
Un triunfo así necesitaba el Muñeco, ovacionado por los miles de hinchas que viajaron a Mendoza, para el famoso borrón y cuenta nueva, que en este caso se trata de enterrar para siempre aquella fatídica noche y mirar hacia el futuro con los ojos de un supercampeón que debe tomarse revancha en la Copa Libertadores.
