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Relatos a gusto del consumidor

En la infinita barra de bar de la opinión, desde la más forofa a la más moderada, descansan los prejuicios populares, los juicios sumarísimos, las sentencias exprés y los relatos, tejidos a conciencia, por los que prefieren poner el acento en lo que va a pasar y no en lo que pasó. El fútbol es tan grande, tan denso, tan debatible, que el periodismo deportivo, que como sostenía Enric González, consiste en masturbar al lector, apuesta por generar su propio relato de los hechos, a gusto del consumidor. Los trovadores azulgranas barnizan el resultado y enfocan el lado más soleado de la realidad: el Madrid pierde hasta cuando gana y el Barça sale reforzado hasta cuando pierde. El discurso es sorprendente: competir, orgullo, dignidad, esperanza y licencia para perder. Los juglares del Madrid desenfocan el juego y se apostan como francotiradores para defender que lo importante no es el resultado, sino que es lo único: al mejor Barcelona de la temporada no le alcanzó para ganar a un Madrid que no tuvo su mejor día, pero que estará en la final, que mató cuando debía y que lleva cinco clásicos seguidos ganando. El relato del Barcelona apunta al futuro. El del Madrid, al presente. Si Barça ha vuelto, el Madrid no se ha ido. Y si el Madrid iba a aplastar al Barça, se quedó bastante corto. Es la fuerza del relato. A veces, más engordado que el resultado.

Más relatos y discursos: desde la capital se alaba el paso atrás crónico del Real, que interpreta como nadie el hundir la defensa para salir de estampida y contragolpear después. Paradojas de la vida, aquello que siempre le han criticado a Simeone, ahora vale con Ancelotti. En el fondo, la crudad realidad: se puede jugar de muchas maneras a fútbol y todas son legítimas, lo que no vale es desprestigiar el contragolpe cuando lo hace el Atleti y elevarlo a los altares cuando el que lo hace es el equipo que se siente maltratado por Movistar, uno de sus patrocinadores oficiales, por cierto. Más relato: en Barcelona se apela a la valentía, se destaca la asunción de riesgos y se pondera el haber defendido con tres o incluso dos, ante un equipo que lleva el vértigo como seña de identidad. La realidad no tiene demasiado que ver con el relato, porque la valentía no tiene nada que ver con el suicidio. Salir a campo abierto, a pecho descubierto, defender incluso con dos hombres cuando tienes una cobertura que no destaca precisamente por su contundencia o por su velocidad, es hacer un mal negocio, uno que no te puedes permitir cuando la meta es ganar y conquistar títulos.

Más relato: se habla de la edad del personal y se eleva a categoría. Se mira el DNI de los chavales de La Masia y se considera quye el futuro será suyo, pero eso hay que demostrarlo. Se mira el DNI se la zaga del Barcelona y se insinúan fines de ciclo y jubilaciones, pero ahí está el centro del campo del Madrid, veterano y experto, para demostrar que sigue teniendo peso en el juego y en los títulos. Igual el DNI es lo de menos en fútbol. Y por último, queda el relato más sustancioso, el de arrogarse una presunta superioridad moral sobre el rival que resulta tan irritante como previsible. Los que pensaban que iban a ganar sin bajar del autobús disimulan su frustración por no haber sido capaces de meter un carro y los que iban de víctimas y jugaron a ser lobos con piel de cordero enarbolan la bandera del buen juego y la esperanza, conscientes de que cualquier argumento es bueno para justificar que tu equipo verá la final por televisión.

Al final, queda el relato que más se ajusta a la realidad, el de Mateu Alemany y el de Carletto Ancelotti. El ejecutivo azulgrana, consciente de la dimensión de su club, dejó caer que no existen puntos de inflexión posibles en las derrotas, por más dulces que sean. Sin anestesia. Y el italiano, que es un señor, alabó el partido del Barcelona y explicó con precisión y sinceridad, por qué juega a la contra: sería un pecado no disfrutar de la calidad que tienen sus jugadores para utilizarlo. En realidad, lo que vimos fue un buen espectáculo. Uno que dejó en mantillas a los que esperaban una goleada, que animó a los que se vieron cerca del "sorpasso" y que, aunque el fútbol es un deporte que no tiene lógica, ofreció un resultado esperado. El Madrid, en la final. Mañana, pasado mañana y dentro de unos meses, se construirá otro relato. Uno diseñado a gusto del consumidor. Otro en el que ganará el que pierda y perderá el que gane, donde sólo cambiará el color de las camisetas. Ya se sabe: ni todo es verdad ni todo es mentira, todo depende del color con que se mira. Relatos.

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