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La mezcla que hizo campeona del mundo a España: ¿repite el Barcelona en 2026?

Si hay un año que todavía late con fuerza en la memoria del fútbol español, ese es 2010. Aquel curso, Real Madrid y FC Barcelona marcaron el pulso del planeta, no solo a nivel de clubes. En la selección, la historia no fue distinta: en el Copa Mundial de la FIFA 2010, España se proclamó campeona del mundo, sostenida en gran medida por el talento de futbolistas formados y consolidados en estos dos archirrivales.

Fue un año de talento, método y convicción. España demostró que la combinación entre una idea de juego clara, jerarquía individual y cohesión colectiva podía imponerse al mundo entero.

Hoy, quince años después, y con la mirada puesta en el Mundial de 2026, la pregunta vuelve a escena en Cataluña y en todo el país: ¿es el turno del Barcelona? ¿Está el club azulgrana en condiciones de consolidarse como potencia europea y convertirse otra vez en la columna vertebral de la selección?

Para responderlo, hay que mirar atrás, analizar el presente y atreverse a proyectar el futuro.

Fundación de un equipo campeón

Spain's goalkeeper Iker Casillas (L) andGetty Images

Para dimensionar el impacto de FC Barcelona y Real Madrid en 2010, basta con mirar de cerca a la selección. Doce de los 23 convocados al Copa Mundial de la FIFA 2010 militaban en alguno de estos dos gigantes. Esa concentración de talento permitió construir un equipo con equilibrio, autoridad e identidad inconfundible.

Desde el Madrid emergían pilares fundamentales: Iker Casillas, capitán y guardián de reflejos felinos; Sergio Ramos, defensor de carácter indomable y liderazgo natural; Raúl Albiol y Álvaro Arbeloa, soluciones tácticas fiables; y Xabi Alonso, cerebro del mediocampo, dueño del ritmo y de una precisión quirúrgica en el pase.

El Barcelona aportaba una columna vertebral igualmente decisiva: Víctor Valdés, seguro bajo palos y clave en la salida; Carles Puyol, símbolo de carácter y compromiso; Gerard Piqué, inteligencia táctica y jerarquía; Sergio Busquets, equilibrio y lectura del juego; Xavi Hernández y Andrés Iniesta, arquitectos del toque y la pausa; además de Pedro Rodríguez, profundidad y desequilibrio por banda.

En el banquillo, Vicente del Bosque logró fusionar lo mejor de ambos mundos: la precisión asociativa del Barça y la competitividad estructural del Madrid. España dominaba la posesión, presionaba con inteligencia y castigaba cualquier error. El resultado fue un equipo sólido, paciente y, en los momentos clave, letal.

Aquel título no fue producto del azar, sino la consecuencia de una planificación minuciosa, una generación irrepetible y una idea de juego ejecutada con convicción. Para el Barcelona, 2010 simbolizó la consolidación de una era dorada. Hoy, con la vista puesta en 2026, el club busca reactivar ese ciclo, apoyado en una nueva camada de talento nacional que sueña con devolver a España a la cima del mundo.

Definiendo el estándar

FBL-EUR-C1-FINAL-ESP-ENG-BARCELONA-MANUTDGetty Images

Mientras la selección española alcanzaba la cima del mundo, el FC Barcelona se consolidaba como la gran referencia del fútbol de clubes. Venía de firmar en 2009 un hito irrepetible: seis títulos en un solo año —LaLiga, Copa del Rey, Champions League, Supercopa de España, Supercopa de la UEFA y Mundial de Clubes—, una secuencia que redefinió la excelencia competitiva. Aunque en 2010 no repitió la Champions, el equipo mantuvo intacto su estatus como potencia dominante.

El Barça no solo ganaba: convencía. Su juego asociativo, la ocupación racional de los espacios y la precisión en cada pase proyectaban una filosofía que conjugaba eficacia y belleza. Aquel modelo se convirtió en referencia global y marcó una época.

Pero incluso en la cima asomaban desafíos. La dependencia de Lionel Messi era evidente: su talento resultaba diferencial, pero la salida progresiva de líderes formados en casa obligaba a replantear el relevo generacional. Para sostener la hegemonía, el club necesitaba producir nuevos referentes nacionales capaces de asumir responsabilidades estructurales más allá del brillo individual.

En paralelo, la directiva apostó por reforzar la plantilla con nombres de peso: Maxwell, procedente del Inter; Dmytro Chygrynskiy, desde el Shakhtar; y, sobre todo, Zlatan Ibrahimović, cuya llegada desde el Inter —en una operación que incluyó a Samuel Eto'o— se convirtió en la más costosa de la historia azulgrana hasta ese momento.

Al mismo tiempo, bajo la dirección de Pep Guardiola, se mantuvo la apuesta por el talento joven. Futbolistas como Pedro Rodríguez y Jeffrén Suárez encontraron espacio en un proyecto que equilibraba estrellas consagradas y promesas en formación, fiel a una idea que privilegiaba el talento y la identidad por encima de todo.

Caída post-Messi

FC Barcelona v Dinamo Kiev: Group E - UEFA Champions LeagueGetty Images

La salida de Lionel Messi abrió una etapa compleja en el FC Barcelona. Durante años, la presencia del argentino había disimulado desequilibrios estructurales: la transición generacional, la integración sostenida de jóvenes talentos y una situación financiera cada vez más delicada.

En 2020, en una entrevista exclusiva con GOAL, Messi fue claro: “Siempre dije que quería terminar mi carrera aquí y que quería quedarme. Quería un proyecto ganador y conquistar títulos para seguir construyendo el legado del Barcelona. La verdad es que hace tiempo que no existe un proyecto o un plan; solo han estado improvisando y parcheando las cosas según surgen. Siempre pensé en lo que es mejor para mi familia y para el club”.

Sus palabras anticipaban una realidad que pronto se hizo evidente. En los años siguientes, el Barça atravesó altibajos deportivos y financieros. La Champions League se volvió un desafío cuesta arriba, LaLiga ganó competitividad y la selección española amplió su base de convocados más allá del entorno azulgrana. La ausencia de una generación sólida de futbolistas españoles asentados en el primer equipo dejó al descubierto fragilidades que durante mucho tiempo habían quedado ocultas bajo el brillo de su gran estrella.

Fue una lección severa sobre la importancia de la planificación estratégica y del desarrollo sostenible del talento propio, sin depender exclusivamente de individualidades. La caída puso a prueba la resiliencia institucional y emocional del club, mientras los aficionados asistían al cierre de una de las etapas más brillantes de su historia.

Reconstrucción y redención

SL Benfica v FC Barcelona - UEFA Champions League 2024/25 Round of 16 First LegGetty Images

La llegada de Hansi Flick supuso un punto de inflexión para el FC Barcelona. Con un enfoque renovado en la cantera, el rigor táctico y una mentalidad competitiva más sólida, el club comenzó a enviar señales claras de reconstrucción.

La temporada 2024/25 se convirtió en símbolo de redención. Pese a las restricciones financieras y a una plantilla corta en algunas posiciones, el equipo mostró cohesión, dinamismo y ambición. Bajo la dirección de Flick, el Barça conquistó LaLiga, la Copa del Rey y la Supercopa de España, superando en todas ellas a su eterno rival, el Real Madrid. El mensaje fue inequívoco: el conjunto azulgrana volvía a marcar el paso en el fútbol español.

Pocos habrían imaginado que una de las piezas clave en este resurgir sería Wojciech Szczęsny. Tras la lesión de Marc-André ter Stegen, el club recurrió al guardameta polaco, quien respondió con actuaciones decisivas y una racha de imbatibilidad que lo convirtió en un sostén inesperado del equipo.

En Europa, el camino también dejó huella. En la Liga de Campeones de la UEFA, el Barcelona alcanzó las semifinales y protagonizó ante el Inter de Milán una eliminatoria ya considerada entre las más vibrantes de los últimos años. Aunque la aventura terminó allí, el equipo dejó una impresión inequívoca: intensidad, carácter y momentos de fútbol de élite que confirmaron su regreso al primer plano continental.

Importancia de la dupla del Clásico

Real Madrid CF v FC Barcelona - LaLiga EA SportsGetty Images

Históricamente, el FC Barcelona y el Real Madrid han sido mucho más que simples instituciones deportivas: representan el pulso competitivo del fútbol español. A lo largo de las décadas, ambos han nutrido de forma constante a la selección, convirtiéndose en la base estructural de la Selección de fútbol de España.

Esa relación configura un equilibrio tan poderoso como frágil. La rivalidad eleva el nivel individual y colectivo, obliga a la excelencia y sostiene la competitividad de la Roja. Cuando uno de los dos atraviesa su mejor momento, la selección suele beneficiarse; cuando alguno entra en crisis —deportiva o institucional—, el impacto se percibe también en el escenario internacional.

Por eso, el renacer del Barcelona bajo la dirección de Flick no es solo una buena noticia para el club. También alimenta las aspiraciones de España de cara a 2026, en la medida en que refuerza una de las columnas históricas sobre las que se ha construido su éxito.

El Barça como la nueva columna vertebral

FC Barcelona v Real Madrid CF - La Liga EA SportsGetty Images

Como en 2010, el FC Barcelona aspira a convertirse en la columna vertebral de la Selección de fútbol de España. La combinación de juventud, talento y una identidad futbolística definida puede ofrecer a la Roja una base sólida rumbo al Mundial de 2026.

El liderazgo pasa hoy por nombres propios: Pedri y Gavi marcan el pulso del mediocampo, combinando control, presión y llegada; Dani Olmo aporta creatividad y capacidad para irrumpir desde segunda línea; Ferran Torres y Lamine Yamal ofrecen desequilibrio, velocidad y gol; mientras que Joan García se ha consolidado bajo palos como garantía de seguridad y liderazgo defensivo.

El precedente histórico es elocuente. De los tres azulgranas presentes en la Eurocopa 2008, Vicente del Bosque elevó la cifra a ocho en la Copa Mundial de la FIFA 2010, con siete titulares en la final ante Holanda. Dos defensas, un mediocentro, dos interiores y dos atacantes del Barça de Pep Guardiola iniciaron el partido más importante de la historia del fútbol español, reproduciendo el mismo libreto que aplicaban cada semana en el club.

En aquel engranaje, Xavi Hernández y Sergio Busquets redefinieron el control del juego desde el centro del campo, respaldados por la inteligencia de Gerard Piqué, la agresividad aérea de Carles Puyol y la sensibilidad competitiva de Andrés Iniesta. La identidad era inconfundible: posesión paciente, transiciones rápidas y una calidad técnica superlativa que culminó con el gol eterno de Iniesta.

El objetivo actual es claro: recrear aquella sinergia, esta vez con una nueva generación. Que el núcleo azulgrana garantice entendimiento táctico, automatismos y una identidad colectiva fuerte para que España vuelva a competir en la élite mundial.

Señales de consolidación y proyección

La temporada 2024/25 dejó señales claras de consolidación en el FC Barcelona. Más allá de los resultados deportivos, el club mostró avances en la gestión institucional y recuperó peso en la escena internacional. Futbolistas como Pedri, Gavi y Lamine Yamal captaron la atención global, reforzando la marca Barça y ampliando su influencia dentro de la Selección de fútbol de España.

El escenario sugiere que el objetivo no es simplemente evocar las glorias del pasado, sino sentar las bases de una nueva era sostenible: un proyecto cimentado en talento español, identidad futbolística y coherencia estructural.

Comparaciones fáciles

FBL-ESP-LIGA-BARCELONA-OSASUNAGetty Images

En 2010, Xavi Hernández y Andrés Iniesta dictaban el ritmo desde el mediocampo; hoy, ese rol lo asumen Pedri y Gavi, herederos de la pausa y la intensidad. En defensa, la jerarquía de Carles Puyol y Gerard Piqué marcaba el tono; ahora, Joan García emerge como un líder moderno, sólido y con personalidad. En ataque, la energía y el desborde de Pedro Rodríguez y David Villa encuentran eco en la frescura y el desequilibrio de Lamine Yamal y Ferran Torres.

Estos paralelismos evidencian que el FC Barcelona actual no pretende vivir de la nostalgia, sino reinterpretar la fórmula del éxito bajo las exigencias del presente: una base de futbolistas españoles preparados para asumir el liderazgo de la Selección de fútbol de España en el camino hacia 2026.

Prueba definitiva

FBL-WC-2026-EUR-QUALIFIERS-BUL-ESPGetty Images

La Copa Mundial de la FIFA 2026 será la prueba definitiva. El FC Barcelona busca consolidarse nuevamente como columna vertebral de la Selección de fútbol de España, aportando futbolistas que compartan una identidad táctica y puedan ejecutar la estrategia con precisión.

Si Pedri, Gavi, Lamine Yamal, Dani Olmo, Ferran Torres y Joan García alcanzan su mejor nivel, España contará con un equipo cohesionado, creativo y competitivo, capaz de revivir momentos históricos como los de 2010.

La planificación será clave para preservar la identidad, proteger a los jóvenes talentos y asegurar que el club siga siendo competitivo a nivel europeo. Solo así, la Roja tendrá una base sólida para competir en la élite mundial.

Reflexiones finales

TOPSHOT-FBL-WC2010-MATCH64-NED-ESP-TROPHYGetty Images

El 2010 quedó grabado en la historia: Real Madrid y FC Barcelona dominaron clubes y selecciones, dejando un legado inolvidable. La combinación de estilos, talento y visión táctica llevó a España a la cima del fútbol mundial.

Hoy, el Barcelona enfrenta un desafío similar: reconstruirse tras la salida de Lionel Messi, superar problemas financieros y consolidar jóvenes talentos españoles. Con Pedri, Gavi, Lamine Yamal, Dani Olmo, Ferran Torres y Joan García, el club cuenta con las herramientas para escribir un nuevo capítulo dorado: dominar Europa y aportar la columna vertebral de la Selección de fútbol de España rumbo al Mundial de 2026.

La pregunta sigue en pie: ¿es este el momento de que el Barcelona vuelva a ser lo que era? La respuesta dependerá de la gestión deportiva, táctica y económica. La expectativa está viva, el mundo observa y el tiempo avanza. El Mundial de 2026 se acerca, y esta vez los protagonistas serán jóvenes españoles, listos para llevar al Barcelona y a España de nuevo a la cima.

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